jueves, agosto 10, 2006

El zapato de Nikita

Fue en el Palacio de la Moncloa, a pocos días de la victoria del 14-M y de la retirada de las tropas españolas de Iraq. La memoria –maldita buena memoria- me lleva a la rueda de prensa conjunta que el Presidente del Gobierno ofreció con el Presidente sirio Bashar al-Assad, hijo de Hafez, heredero del republicano trono sirio y también presidente por accidente (de su hermano mayor). Bashar, alabó entonces la decisión española de retirar las tropas y aseguró que con esa medida se evitaban más atentados como los del 11-M. Lo dijo así, con la frialdad de quien se siente seguro de lo que afirma, ante complacientes miradas y silencios que quise atribuir a la bisoñez de quienes habían accedido inesperadamente al Gobierno.

El segundo acto de este despropósito se inicia con el asesinato del Presidente libanés Hariri. Tan evidente fue para la comunidad internacional la participación de Siria en esta muerte violenta que en Naciones Unidas se adoptó la enésima resolución ordenando la salida de las tropas de ocupación sirias del Líbano. Pero Siria –e Irán-, ante la presión occidental, abandonan sólo de iure el territorio libanés; su peón, Hizbulá, organización terrorista para la UE y para casi todos los Presidentes de sus Estados miembros, permaneció como su representante del terror para continuar hostigando al Estado de Israel, labor que completa con otro peón negro, Hamas. Cuenta Madeleine Albright en sus Memorias los esfuerzos para llevar a un miedoso Arafat al acuerdo con Netanyahu en Wye y posteriormente con el laborista Barak en Camp David. El fracaso, según Albright, sólo de debió al pánico de Arafat a decir sí, al miedo palestino a lo desconocido –la paz- y a la conveniencia de mantener un conflicto para morir como héroe y no como villano.

Ahora se olvida de que el origen de la actual intervención israelí está en la matanza de ocho soldados judíos y el secuestro de dos por Hizbulá. Estamos ante una nueva provocación de una organización terrorista, voz de su amo, longa manu del eje del mal, avanzadilla del terror de quien amenaza en un futuro muy próximo con convertirse en potencia nuclear ante la vergonzosa contemplación de algunos. En este tesitura, estos "peligrosos pacifistas" no han tenido mejor ocurrencia que apoyar al terrorista, sacr

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