sábado, septiembre 08, 2007

Libro de estilo


Andaba dando buena cuenta de un par de huevos fritos con chacina de la tierra en la muy recomendable Venta El Polvorilla, allí en el Llano de la Cruz, término municipal de Ronda, cuando llamó mi atención un cartel en el que una muy joven y atractiva candidata –Ségoléne de la Serranía- convocaba nada más y nada menos que en inglés a una reunión para exponer a los vecinos las principales novedades de su programa electoral. Meeting with the candidate, creo recordar rezaba el título del cartel, no tanto por el éxito de la política de bilingüismo en la serranía rondeña, sino más bien por la nutrida presencia de residentes comunitarios, herederos de Rilke o Alastair Boyd en su pasión por Ronda, y con derecho de voto en las próximas elecciones locales.

Las técnicas electorales avanzan que es una barbaridad. En otros tiempos, la ingeniera electoral no estaba ni mucho menos tan depurada como ahora. La política era más salvaje, informal, espontánea. Todavía recuerdo el programa de festejos de una localidad vecina –Arriate- en el que la agrupación socialista local patrocinaba una "gran chorizada" popular, patrocinio desde luego poco recomendable en aquella época de Filesas, fondos reservados, Roldán, et altri. Como reclamo electoral, la convocatoria de un partido político a una "gran chorizada", es digno de estudio en escuelas de negocios y cursos de verano.

Imagino que los ´libros de estilo` que aparecen cuando el clima político barrunta elecciones deben su existencia a la voluntad de evitar, en la medida de lo posible, deslices como el antes comentado, y tienen como finalidad imponer al candidato unas pautas, unas líneas de actuación durante la campaña, aunque a muchos se nos haga muy difícil calificar esos modelos de actuación como normas, precisamente de "estilo" en un momento en el que la política está reñida con las buenas formas. Los manuales para los candidatos a ocupar plaza de edil suelen regular de forma exhaustiva su conducta durante el período electoral, cayendo a menudo en recomendaciones absolutamente intolerables.

En noticia aparecida en EL MUNDO de ayer, firmada por Manuel Sánchez, se da cuenta de la aparición del ´Libro de Estilo`(sic) socialista para las próximas municipales. La crónica se detiene en el ´look` del candidato ideal ("ideal" para quien hace el ´Libro de Estilo`) y recomienda en su vestimenta el predominio de los colores negros, grises o marrones, para generar –en los candidatos- "un aspecto más cercano, fresco y actual". Siempre he asociado los tonos oscuros ahora tan recomendados a los camise nere mussolinianos o a ERC. Parece que ahora también los políticos quieren marcar las tendencias de la moda. Allá los autores del "libro" si quieren que sus candidatos se parezcan al conde Chiano.

sábado, mayo 26, 2007

Crónicas arriateñas

Almudena Sánchez Gil, joven y novel candidata a la alcaldía de la serrana localidad de Arriate, vecina a Ronda, se ha topado de bruces y sin quererlo con la dura realidad de la más sucia política en la forma de un miserable ataque verbal. Uno de sus contrincantes, veterano profesional de la medicina, seleccionado entre los mejores para tratar de desbancar a la fuerza política que detenta las riendas del Consistorio con mayoría absoluta, acusa al partido que presenta a la candidata Sánchez Gil de "ir promocionando por bares y rincones a su número uno como si se tratara de montar una casa de señoritas más que la presidencia de la Alcaldía". Por raro que parezca, quien profirió hace ya más de una semana el miserable exabrupto continúa ratificándose en sus afirmaciones, sin que, que se conozca, nadie de su partido -exponente máximo de progreso, talante y de pomposas leyes de igualdad- le haya exigido su inmediata dimisión o, cuanto menos, llamado la atención para que corrija una barbaridad cuyo reproche excede del ámbito político para adentrarse, claramente, en el judicial.

Almudena se presenta por una formación política que algunos se empeñan en calificar como derecha extrema, reaccionaria, intolerante, guerrera y carca, pero que en realidad es muy respetuosa con la mujer, hasta el extremo de presentar una ilegal lista -por estar compuesta íntegramente por mujeres- a la localidad de Garachico (o ser la única formación que presenta a una mujer como candidata a la Alcaldía de Arriate, que también vale como ejemplo de política real que fomente la igualdad de sexos). Yo quiero solidarizarme con ella y presentarle mis respetos, porque estoy seguro de que, siendo muchas las manifestaciones de aliento y apoyo que está recibiendo por ser víctima de un acto de maltrato y acoso, éstas no procederán, precisamente, de consejerías e institutos de la mujer cuyos representantes, desde posiciones partidistas obligatoriamente sectarias, promocionan un determinado tipo de mujer, una nueva sección femenina, ahora sin libros de cocina ni de bordado.

La noticia sobre Almudena Sánchez coincide con el anuncio de la aprobación del proyecto de ley andaluza para la promoción de la Igualdad de Género. No hace muchos días se aprobó la Ley de Igualdad en el Congreso de los Diputados; ahora vamos a contar con una ley autonómica en una más que inútil duplicidad de normas "para hacer plenamente real y efectiva la igualdad de trato y de oportunidades entre hombres y mujeres" y, por supuesto, "promocionar un lenguaje y una imagen pública no sexista". Estoy convencido de que a Almudena le satisfará enormemente el proyecto de ley pero, realmente, le bastaría con que quien le ha injuriado se retractara y la dejara en paz.

ANV

Cuando el Fiscal General americano, Mr. Justice Robert H. Jackson, terminó de enseñar a sus colegas la sala en la que había de celebrarse el Proceso de Nürenberg, su homólogo ruso, el General Rudenko, le formuló a través de la soldado – traductora la siguiente pregunta: ¿Sería tan amable el tovarich Jackson de enseñarnos a continuación el lugar donde van a ser colgados todos los acusados?. A Rudenko le sobraba la parafernalia organizada por el resto de aliados en su ánimo de hacer su propia ´justicia` con los altos jerarcas nazis.
No digo que para la ilegalización de Acción Nacionalista Vasca (ANV), descarada tapadera de Batasuna-ETA, nos haga falta un Rudenko, pero en la defensa del Estado de Derecho tan perniciosos son la actividad desenfrenada como la inacción. La salubridad del sistema democrático exige, en ocasiones, la pronta y decidida actuación del Ministerio Público que evite, precisamente, que se tenga que llegar a siempre tardíos procesos, como el de Nüremberg, que de haberse celebrado a tiempo, hubieran evitado la toma del poder por la tiranía y, con ella, el sufrimiento, los crímenes y la ruina.
El fiscal general afirmó que el apoyo de los dirigentes de Batasuna a ANV "de manera manifiesta" (sic) podría dar lugar a la ilegalización. Los batasunos, rápidos en el chantaje al Estado, no tardaron en solicitar públicamente el voto para ANV, demostrando la evidente connivencia de dos organizaciones, aparentemente distintas, pero que no constituyen más que una sola prolongación de ETA. Pero el fiscal general, obtenido lo que para muchos supone el enésimo indicio justificativo de la ilegalidad de la organización que concurre a las urnas, opta ahora por negar la mayor y considerar insuficiente esa pública petición de apoyo a un partido que no es más que el alter ego de ETA.
Quienes critican la indecisión del Ministerio Público y la inacción del Gobierno en la solicitud de las medidas judiciales necesarias, ponen de manifiesto, no sin razón, que el Estado de Derecho sufre cuando la norma –la Ley de Partidos- no se aplica. Ahondando en la herida –que con el paso del tiempo deja de ser epidérmica y amenaza con gangrenarse- se acusa al Gobierno de cumplir una liturgia cuyo ceremonial está formado por secretos pactos adoptados en un proceso de negociación con la banda terrorista que se nos dijo finiquitado pero que, por el contrario, parece mantenerse vivo en un clima de recíproca desconfianza. Y si no fuere así, si de verdad ya no existe proceso de negociación, la ausencia de consenso entre los principales partidos puede haber llevado al Gobierno de España a depender en su suerte del capricho de una banda terrorista. La política antiterrorista, roto el imprescindible consenso, ha pasado de cuestión de Estado a política de interés partidista.

El indulto

Christian Klar es en Alemania lo que De Juana Chaos en España. Terrorista, asesino en serie, miembro de la segunda generación de la Baader–Meinhoff, Klar fue condenado en 1984 a cinco cadenas perpetuas y quince años de prisión por participar en nueve asesinatos consumados y por colaborar en once asesinatos más en grado de tentativa.
En Alemania, la condena a cadena perpetua se fija siempre por un número mínimo de años, atendiendo siempre a la gravedad del delito; esto es, no conlleva necesariamente una pena privativa de libertad de por vida. En el caso de Klar, el tribunal de Stuttgart que le juzgó le condenó a cumplir un mínimo de veintiséis años de prisión. En Alemania las condenas se cumplen –afirmación necesaria a la vista de la situación que padecemos aquí-, sin que existan para estos delitos beneficios penitenciarios o redenciones de pena susceptibles de minorar el periodo de duración de la condena. Capturado en 1982, Klar lleva cumplidos veinticinco años y saldrá en libertad el año 2008, siempre y cuando se considere que ha dejado de ser un peligro para la sociedad. Pero como en Derecho toda regla general siempre está sometida a una excepción –el indulto- Klar solicitó el perdón del Presidente de la República.
El Presidente Köhler ha denegado hace pocos días la solicitud de indulto. Lo ha hecho después de escuchar a representantes de diversas instituciones del Estado, a los partidos políticos, la opinión de los familiares de las víctimas e incluso la posición del terrorista solicitante de la medida de gracia, a quien visitó en prisión. Por no tener que motivar sus decisiones, se desconocen las razones que han llevado al Presidente de la República a rechazar la solicitud de indulto, pero, sin duda, la oposición de las víctimas y la posición también contraria al perdón de los principales partidos, han tenido peso decisivo para fundar la negativa. Y en la posición contraria al indulto de las víctimas y de la sociedad alemana habrá tenido su influencia el hecho de que Klar jamás se haya arrepentido por los crímenes cometidos.
Aquí, al asesino de Rafael Padura y autor de otros crímenes -sin castigo- el Gobierno le ha concedido el indulto –gratis et amore- después de pasar menos de cinco años en prisión, sin consultar a los familiares de la víctima ni tomarse la molestia de sondear la opinión de otros sectores sociales. A algunos les debe resultar fácil perdonar, sobre todo cuando no han padecido directamente la ofensa en forma de un crimen execrable cometido por alimañas que desprecian la vida del prójimo. Avergüenza ver al Estado de Derecho pisoteado con este tipo de medidas y produce escalofríos advertir cómo la falta de reacción de la sociedad española denota su pleno y peligroso acomodo a situaciones de flagrante injusticia.

Fundamentos comunes

Hace cincuenta años, el canciller Konrad Adenauer, europeista convencido, afirmó ante el premier francés Guy Mollet el decidido apoyo de Alemania a la constitución del mercado común: Et maintenant, il faut faire l´Europe. Adenauer siempre consideró la integración europea como un trampolín para que Alemania recobrara su espacio de poder en Europa y en política exterior. Hoy, cincuenta años después de la firma del Tratado de Roma, es Alemania la que quiere convertirse en el trampolín necesario para dar el impulso definitivo que saque a la Unión Europea de la situación de paralización en la que se encuentra tras el fracaso del proyecto de Constitución y un precipitado proceso de integración de nuevos miembros.

La Declaración de Berlín ha puesto de manifiesto la decidida voluntad de la canciller Merkel –sucesora de Adenauer en su convicción europeista- de retomar la discusión sobre el futuro de Europa y la necesidad de adaptar su estructura política a la evolución de los tiempos. Se trata de reafirmar una firme voluntad renovadora del ideal europeo, y es significativo que la Declaración no haga referencia alguna al proyecto de Constitución para Europa rechazado en las urnas por Francia y Holanda, pero también centro de las críticas de otros países que no llegaron a pronunciarse sobre un texto sin futuro. Hoy ya no se habla de Constitución, término que despierta recelos en muchos países miembros; la Declaración de Berlín prefiere evitar cualquier alusión a la forma jurídica que ha de servir de vehículo a la necesaria reforma europea y utiliza, con evidente sentido eufemístico, la referencia al establecimiento de los fundamentos comunes que inspiren la renovación en la UE.

La clave está en determinar el ámbito de los fundamentos comunes, es decir, las partes del difunto proyecto de Constitución que sí pueden ser salvados para incorporar el núcleo de una reforma por la vía de un nuevo Tratado (o un minitratado, como también se denomina ya, por suponer el experimento un claro recorte de anteriores proyectos). La canciller cuenta en su empeño con el apoyo de Blair, y Sarcozy mira también con satisfacción un proyecto que despierta simpatías en los países del Este, reacios a altos niveles de integración.

España ha considerado el plan de la Presidencia alemana como un recorte drástico del proyecto de Constitución para Europa que en su día refrendó en las urnas sin mucha convicción. Demasiadas tijeras y poca pluma, se queja la representación española. Dicen en Bruselas que Merkel ha salido al paso de la crítica recomendando a quienes confían en irrealizables macroproyectos constitucionales que cumplan con el Tratado vigente y respeten la libertad de establecimiento y la libre circulación de capitales.

Libro de Estilo

´Libro de Estilo`

Andaba dando buena cuenta de un par de huevos fritos con chacina de la tierra en la muy recomendable Venta El Polvorilla, allí en el Llano de la Cruz, término municipal de Ronda, cuando llamó mi atención un cartel en el que una muy joven y atractiva candidata –Ségoléne de la Serranía- convocaba nada más y nada menos que en inglés a una reunión para exponer a los vecinos las principales novedades de su programa electoral. Meeting with the candidate, creo recordar rezaba el título del cartel, no tanto por el éxito de la política de bilingüismo en la serranía rondeña, sino más bien por la nutrida presencia de residentes comunitarios, herederos de Rilke o Alastair Boyd en su pasión por Ronda, y con derecho de voto en las próximas elecciones locales.

Las técnicas electorales avanzan que es una barbaridad. En otros tiempos, la ingeniera electoral no estaba ni mucho menos tan depurada como ahora. La política era más salvaje, informal, espontánea. Todavía recuerdo el programa de festejos de una localidad vecina –Arriate- en el que la agrupación socialista local patrocinaba una "gran chorizada" popular, patrocinio desde luego poco recomendable en aquella época de Filesas, fondos reservados, Roldán, et altri. Como reclamo electoral, la convocatoria de un partido político a una "gran chorizada", es digno de estudio en escuelas de negocios y cursos de verano.

Imagino que los ´libros de estilo` que aparecen cuando el clima político barrunta elecciones deben su existencia a la voluntad de evitar, en la medida de lo posible, deslices como el antes comentado, y tienen como finalidad imponer al candidato unas pautas, unas líneas de actuación durante la campaña, aunque a muchos se nos haga muy difícil calificar esos modelos de actuación como normas, precisamente de estilo en un momento en el que la política está reñida con las buenas formas. Los manuales para los candidatos a ocupar plaza de edil suelen regular de forma exhaustiva su conducta durante el período electoral, cayendo a menudo en recomendaciones absolutamente intolerables.

En noticia aparecida en EL MUNDO de ayer, firmada por Manuel Sánchez, se da cuenta de la aparición del ´Libro de Estilo`(sic) socialista para las próximas municipales. La crónica se detiene en el ´look` del candidato ideal ("ideal" para quien hace el ´Libro de Estilo`) y recomienda en su vestimenta el predominio de los colores negros, grises o marrones, para generar –en los candidatos- "un aspecto más cercano, fresco y actual". Siempre he asociado los tonos oscuros ahora tan recomendados a los camise nere mussolinianos o a ERC. Parece que ahora también los políticos quieren marcar las tendencias de la moda. Allá los autores del "libro" si quieren que sus candidatos se parezcan al conde Chiano.

La fidelidad del bígamo

La fidelidad del bígamo


En su discurso pronunciado el 13 de mayo de 1932 en las Cortes Constituyentes bajo la presidencia de Besteiro, Ortega y Gasset afirmó que el problema catalán no se podía resolver, sólo se podía conllevar. Tanta razón tenía Ortega en su afirmación que, en lo esencial, su disertación ante las Cortes podría haber sido repetida con puntuales cambios hace escasas fechas en el Congreso durante el proceso de elaboración de un Estatuto catalán que se nos presentó como la fórmula idónea para conllevar el problema durante "dos o tres décadas"(Rodríguez Zapatero dixit), pero que se ha demostrado superado por las circunstancias a las pocas semanas de su aprobación. El Tribunal Constitucional tiene pendiente de resolver el recurso interpuesto contra el Estatuto, entre otros, por el Partido Popular, pero ha advertido en reciente sentencia que ni la financiación ni las guadianescas deudas históricas pueden ser, como el tango, cosa de dos, rompiendo así el envenenado juego de la bilateralidad que proclama, no sin inconstitucional egoismo, la norma autonómica recurrida.

Serán los pregonados tijeretazos del Tribunal Constitucional al Estatuto catalán en un vano intento de volver constitucional un texto que los recurrentes consideran norma de cobertura para perpetrar el fraude de ley consistente en violar la Constitución, o tal vez sean las continuas veleidades de un partido político antisistema –ERC- que algunos creyeron, en evidente error, que con el anzuelo de un Estatuto inconstitucional iba a someterse al ordenamiento de un Estado al que aborrece, lo cierto es que una u otra causa han producido el efecto de llevar a un tal Vendrell –mandado de Carod y Puigcercos- a ofrecer a CiU la presidencia de la Generalitat a cambio, nada más y nada menos, que de la convocatoria de un referéndum de autodeterminación.

Abiertos con temeridad el melón del modelo de Estado y con imprudencia un "proceso de paz" que enmascara una turbia negociación de la que nada se sabe, pero en la que se impone confianza ciega e inquebrantable adhesión sopena de recibir el calificativo de falangista, es evidente que entre los radicales se ha acelerado la carrera hacia la meta del abismo. Mirará ahora el despechado Montilla con estupor la tropa que tiene de aliado, el bígamo que, hecha la oferta a tercero, le quiere convencer de su fidelidad; se pensarán los convergentes la envenenada propuesta de referéndum de autodeterminación a cambio del cromo de la presidencia en ese puro exhibicionismo de a ver quién lo tiene más grande (el nacionalismo independentista) y mirarán en Madrid para otro lado. Pero aquí todavía no ha dicho nadie que ese referéndum de autodeterminación es absolutamente inconstitucional y, por lo tanto, ilegal por sus cuatro costados.

Igualdad

La Ley, en una definición tradicional e inobjetada, es el mandato impuesto por quien para ello tiene autoridad y poder. Su condición de mandato refuerza el contenido imperativo de la norma dictada por la autoridad: Autoritas, non veritas facit legem. Los viejos apuntes de la Facultad recogen la definición de Sánchez Román: "La Ley es regla de conducta justa, obligatoria, dictada por legítimo poder y de observancia y beneficio común".

La Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres está pendiente de publicación en el Boletín Oficial del Estado, después de haber sido aprobada en el Congreso por todos los partidos políticos, excepto el Partido Popular, que se abstuvo. Es una Ley ad portas que, como no podía ser de otra forma, está en sintonía con la política social trazada por el legislador con evidente ánimo electoral y que responde, como en otras ocasiones, al castizo dicho de "mucho ruido y pocas nueces". El ruido de los aplausos de supuestas feministas que no se han leído la Ley o de los flashes a la salida del Congreso de los Diputados me reafirman en la convicción de que la norma rezuma populismo en estado puro.

Porque la Ley de Igualdad se aparta en su farragoso texto de su condición de mandato para convertirse en una norma voluntariosa. No estamos ante la imposición de reglas de conducta, sino ante meros deseos que convierten el texto legal en simple capítulo de propósitos o intenciones. A esa conclusión debe llegarse si, analizando su texto, advertimos que la efectividad de la igualdad que se pretende afianzar mediante esta norma queda siempre a criterio de su destinatario: "Las sociedades … procurarán incluir en su Consejo de Administración un número de mujeres que permita alcanzar una presencia equilibrada de mujeres y hombres en un plazo de ocho años a partir de la entra en vigor de la Ley". Procurarán es término que no implica obligación; no estamos ante un mandato o regla de conducta impuesta, sino ante la expresión de un deseo, de una simple voluntad o desiderátum sin contenido ni efectos obligatorios. En otros pasajes de la norma se reiteran estos términos voluntariosos, pero no vinculantes: fomentarán, intentarán, promoverán, favorecerán, expresiones que convierten el texto normativo en un brindis al sol.

Por supuesto, la Ley prohíbe lo que denomina "lenguaje sexista", infringiendo para ello otras leyes: las gramaticales. Adviertan esta perla con la que el legislador cocea el Diccionario:"La realización de estas acciones podrá ser concertada con la representación de los trabajadores y las trabajadoras, y las organizaciones de consumidores y consumidoras y usuarios y usuarias". Hay quien cree que el redactor (o redactora) del Preámbulo del Estatuto andaluz ha intervenido en la redacción de la Ley de Igualdad.

Y ahora, Navarra

Dicen los teóricos de la cosa pública que son tres las cuestiones que requieren en el complejo mundo de la política un acuerdo de principios entre los partidos que las sustraiga de los vaivenes propios de las disputas partidistas: la acción exterior, la política antiterrorista y el modelo de Estado. Estas tres materias deben estar delimitadas por fronteras infranqueables que, permitiendo margen de actuación al Gobierno de turno, eviten los bruscos movimientos derivados de inexplicables bandazos o derrotas vinculadas a los resultados electorales.

En España nunca ha existido un política exterior común, entendida ésta como producto de un acuerdo de bases entre los partidos mayoritarios que abarcara las cuestiones sensibles de las relaciones exteriores del Estado. La acción exterior no ha tenido más coherencia que la derivada del periodo de duración de cada partido en el Gobierno, sin que pueda hablarse en nuestro caso –a diferencia de lo que acaece en el Reino Unido, Alemania o Francia- de unas "líneas rojas" que representen acuerdos de base sobre materias sensibles –dominadas por la raison d´Etat- adoptados por los partidos con aspiración de gobierno. La inexistencia de esos acuerdos de principios en política exterior ha debilitado sensiblemente la posición española en el tablero internacional. Ahí tienen, como último ejemplo de esta falta de vigor, el anuncio argelino del incremento del precio del gas en un veinte por ciento.

En política antiterrorista, en cambio, si hubo acuerdo entre los principales partidos, pero hoy bien parece que hecho el Pacto por las libertades y contra el terrorismo, hecha la trampa. Hoy ya no existe el Pacto; me atrevería a decir que no existe ni siquiera política antiterrorista por haberse transformado ésta en un oscuro proceso de negociación para el que el Gobierno exige, sin contrapartida alguna, una obediencia y fidelidad ciegas a la oposición, al tiempo que le mantiene en el más absoluto ostracismo. No puede este Gobierno, ni ningún Gobierno, reclamar en esta cuestión cheques en blanco ni inquebrantables adhesiones sin haber pactado previamente los límites de un proceso que está demostrando estar regido por la más absoluta improvisación.

"Y ahora, Navarra", ha dicho Otegui tras la excarcelación del asesino sin recibir del Gobierno una respuesta tajante a esta anexión, a este Anschluss en el que Hitler aparece cubierto con la capucha de los asesinos. No valen esas huecas respuestas con el estribillo de que "Navarra será lo que los navarros y navarras quieran que sea". El Gobierno debe ser contundente y fijar su posición con claridad. Si quiere que las próximas elecciones autonómicas en Navarra se conviertan en un referendum "á la québécoise", que lo diga, pero que lo diga ya.

Voto de calidad

Existe un dicho forense en la curia alemana que afirma que "los jueces son estudiantes de Derecho que se corrigen sus propios exámenes". De ser cierto el aserto siempre estaremos ante un mal menor porque, continúa el dicho, "lo verdaderamente pernicioso es que a los jueces le soplen al oído el examen", poniendo así el dedo en la llaga de uno de los peligros de toda Democracia: el empeño del Ejecutivo, a veces indisimulado, por controlar el poder Judicial.

En los EEUU es el Presidente quien nombra a los jueces de la Corte Suprema y éstos ejercen sus cargos con carácter vitalicio, during good Behaviour, para preservar de esta forma su independencia. Los alemanes, en su sistema federal, reservan el nombramiento de los dieciséis jueces al Bundestag y a la cámara regional del Bundesrat por partes iguales, pero obligan a ambas Cámaras a que los acuerdos se adopten por una mayoría cualificada de dos tercios.

La Constitución española –muy inspirada por el sistema alemán- establece en doce el número de miembros del Tribunal Constitucional, reproduce la mayoría cualificada establecida en la norma alemana y reserva el nombramiento de los magistrados a las Cortes Generales (ocho miembros, cuatro el Congreso y otros tantos el Senado) y el nombramiento del resto los reserva para el Gobierno y el Consejo General del Poder Judicial. Así se estableció en la Ley Orgánica que regula su funcionamiento y que fue adoptada, siguiendo una inveterada costumbre, con el acuerdo de los partidos mayoritarios.

Ahora, el siempre deseable consenso entre los principales grupos políticos parece no va a ser posible en la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional que se discute en la Comisión Constitucional. Que la Constitución permita la modificación de la Ley Orgánica por una mayoría que permita descartar la necesaria participación del partido de la oposición es un evidente error que sólo procura la debilidad de la institución –y la aprobación de reformas estatutarias claramente inconstitucionales-. Pero aquellos que prescinden del necesario consenso en esta materia introducen también un peligroso elemento de precariedad que mina la propia función encomendada al Tribunal.

La reforma permite la participación de las Comunidades Autónomas en el nombramiento de sus miembros –fórmula idónea para que éstas designen a sus sabios locales- y, de camino, prolonga el mandato de la Presidente para que ejerza su voto dirimente en aquellos asuntos que lo requieran –una especie de gol de oro que algunos llaman efecto Bermejo-, sin que todavía ningún jurista-politólogo haya advertido en esta ocasión la comisión de algún golpe de estado. Hábil maniobra, porque España está dividida en dos hasta en la votación de informes periciales sobre explosivos.

domingo, febrero 25, 2007

Acción exterior


Cuenta el historiador alemán Hüttl que el rey Luis II de Baviera - ensimismado en su complejo mundo, cansado de su tierra y de su propio gobierno que le negaba más dinero para construir sus caprichosos castillos y palacios- ordenó a su embajador en la corte española proponer a la reina Isabel II la compra de la isla de Mallorca. La reina española, claro está, mandó al embajador y a su regio primo a tomar viento.

Baviera tuvo embajadores porque fue reino hasta el año 1919. Hoy, el Estado Libre de Baviera no tiene más embajadas que la alemana, y más política exterior que la que diseña Berlín para todo el Estado. No se da en modelos políticos de corte federal como el alemán la posibilidad de que los Länder coordinen su propia política exterior con la del Estado central, porque los Länder no tienen competencias en materia de relaciones internacionales. La competencia la ostenta en exclusiva el Bund, que es quien mejor defiende los intereses de la Nación mediante una política única que, cuanto menos, procura coherencia y evita que los presidentes de los Länder anden zascandileando allende las fronteras federales haciendo uso del treaty-making power como si fueran verdaderos sujetos de derecho internacional.

La Constitución española siguió a la Ley Fundamental alemana al conferir también al Estado la competencia exclusiva en materia de relaciones internacionales. Sólo al Estado le corresponde la capacidad de obligarse frente a Estados extranjeros u organizaciones inter o supranacionales, como tiene dicho el Tribunal Constitucional, y las Comunidades Autónomas tienen limitada su proyección exterior a fin de no incidir o entorpecer la política exterior del Estado. Sin embargo, la hipertrofia competencial provocada por alguna reforma estatutaria ha venido a institucionalizar una suerte de política exterior autonómica que pugna abiertamente con la exclusividad reservada al Estado.

De esos polvos, estos lodos. La política exterior del Estado se ha visto también afectada por el pernicioso principio de bilateralidad. Se habla ahora abiertamente de "coordinar la política exterior de la Generalitat con la del Estado", imponiendo así una reciprocidad que no tiene cabida en la Constitución. Para preparar el ambiente adecuado al recurso de inconstitucionalidad contra determinados preceptos del Estatuto catalán se afirma alegremente que la estimación por el Tribunal Constitucional de la recusación de uno de sus magistrados constituye un golpe de estado (sic), demostrando así quienes se debaten entre el birrete y la gorra de plato el verdadero respeto que le merecen las decisiones judiciales cuando no les son convenientes. Y es que el sectarismo y la soberbia llevan siempre a la convicción de que las reglas del juego están hechas para los demás.

El algodón



Afirma Miguel Sanz, presidente de la UPN y de la Comunidad navarra, que él, a diferencia del candidato socialista a la presidencia de su Comunidad, Fernando Puras, no viene a Andalucía para aprender porque <>. Según Sanz, él sólo puede venir a enseñar, pero nunca a aprender. Por supuesto, determinada prensa andaluza ha considerado las palabras de Sanz –representante, cómo no, de la que denominan <>-, como un agravio y una falta de respeto a la imparable realidad andaluza.

Mucho me temo que sin perjuicio de lamentar las formas, el Sr. Sanz tiene razón en el fondo. La semana pasada recibí puntualmente el resumen que remite Eurostat sobre la tasa de desempleo regional en la Europa de los veinticinco y, como viene siendo una constante desde el ingreso de España en la CEE, Andalucía sigue estando en el top 20 de las regiones europeas con mayor tasa de desempleo. Hemos descendido posiciones en ese ranking de pobreza –ya no estamos en el <> club del top 10, precedidos sólo por las regiones francesas de ultramar-, pero no es menos cierto que el descenso se ha producido por el efecto de la entrada de nuevos países en la UE, sobre todo de Polonia y de Eslovaquia, que han aportado con su ingreso regiones con mayor tasa de desempleo de la que padece Andalucía, si bien, a diferencia de nuestra Comunidad, ni Polonia ni Eslovaquia llevan más de dos décadas beneficiándose de ayudas comunitarias. Tampoco hemos dejado de ser una de las regiones europeas con más paro femenino (19.4%) y seguimos también en el pelotón de cabeza de jóvenes parados (24.5%).

Eurostat es la prueba del algodón que no engaña. Si algo puede asegurarse es que el vigente Estatuto de Autonomía no es precisamente el culpable de que Andalucía siga formando parte del grupo de regiones más pobres de la UE. Da cierto pudor oir cómo se promete desde el poder alcanzar la luna con la sola aprobación de un texto estatutario que ha servido de coartada a políticas dominadas por el egoismo y la ruptura. El Regions. Statistical Yearbook 2006, recientemente publicado, pone en evidencia la gran mentira de segundas y terceras modernizaciones y de imparables realidades nacionales, y deja al aire las vergüenzas de una campaña de propaganda que sólo es ejemplo de publicidad engañosa. Se dice ahora desde la fácil tribuna mitinera que con el nuevo Estatuto pasaremos a estar entre las regiones europeas más avanzadas, a jugar en esa liga de regiones galácticas que en pura realidad nos son inalcanzables, pasando por alto la dura realidad de una región que está anclada en la cola de Europa.

Elogio de la experiencia



"Llaneza, muchacho, y no te encumbres". En su discurso pronunciado con motivo de su toma de posesión como miembro del Consejo de Estado, Leopoldo Calvo Sotelo, el más lúcido y brillante presidente del gobierno de la todavía joven democracia española, hizo suyas las palabras que Maeso Pedro dirigió al joven titiritero con Don Quijote de testigo para trazar en su intervención un acertado diagnóstico de la enfermedad que padece España por mor de la equivocada terapia que aplica quien hoy es su médico de cabecera. Desandar el camino laboriosamente desbrozado con la Transición para situarse en los nefastos años treinta supone realizar "un arriesgado ejercicio de funambulismo histórico" que tiene como principal víctima al siempre deseable consenso entre los partidos mayoritarios.

"Llaneza, muchacho, y no te encumbres". Pero este joven Lucilio no lee las epístolas morales que le envía Séneca, y sólo se guía por una intuición impregnada de eso que llaman baraka, pero que se está acabando. La llaneza es humildad, sencillez, buena fe, sentido común, pero el joven titiritero no se deja conducir por quienes desde sus propias filas critican, con timidez, pero desde la experiencia, una política exterior de "buenones" que nos ha llevado de la intimidad de Camp David a convertirnos en ruidosos palmeros de un coro de peligrosos personajes que nada bueno auguran. Sólo González se ha atrevido a levantar tímidamente la voz, pero a la vista está que el joven no hace caso ni a quien no hace mucho se sentó en el olimpo socialista ungido por los Palme, Kreisky y Brandt. En la visita a Doñana el joven lo trató como a un ánsar más de la fauna autóctona; lo imagino allí sentado en una hamaca mientras veía, como Vitto Andolini, correr a la niñas por entre las tomateras. Bien podría ser una reedición del "Adios, amigo" que el experto González le dedicó a Willy Brandt en su funeral.

"Llaneza, muchacho, y no encumbres". La política es el mundo de las sombras, pero la única luz que se ve al fondo del túnel la procuran aquellos que por experiencia saben conducirse con mayor soltura entre tinieblas. En España hemos convertido la política en la profesión de los que no tienen otra y encima se premia la inexperiencia ascendiendo al novel a los más altos cargos, como si se tratara de un deporte, donde los triunfos corresponden a los más jóvenes.

"Llaneza, muchacho, y no te encumbres". El encumbrado se deja entrevistar por otro ruiseñor de voz aflautada que parece haber olvidado la distancia que debe separar siempre al poder de la justicia. Viendo este espectáculo no es de extrañar que, como Don Quijote, den ganas de mandar el retablo y a su joven titiritero a hacer puñetas.

domingo, febrero 11, 2007

El avispero


Una reciente sentencia del Tribunal Constitucional alemán ha derogado el Impuesto de Sucesiones y Donaciones por considerarlo contrario al principio de igualdad al establecer distintas fórmulas de determinación de la base imponible del impuesto según el concreto bien o derecho que forme parte del caudal hereditario. La sentencia, acogida por la ciudadanía con lógico entusiasmo, ha provocado una discusión política acerca de si debe mantenerse un impuesto que en otros países de la Unión Europea ya ha sido suprimido.

La resolución del Tribunal de Karlruhe despertó mi curiosidad sobre el tratamiento legislativo que merece este impuesto en un estado federal modelo como es Alemania. Es sabido que, en España, las Comunidades Autónomas tienen competencias sobre este impuesto en materias relativas a la reducción de la base imponible y en las deducciones de la cuota íntegra. El ejercicio diverso de las competencias según cada concreta Comunidad Autónoma ha provocado la existencia de diferentes marcos fiscales, una situación que a cualquier lego en esta materia puede resultarle a priori contraria al constitucional principio de igualdad por ser diferente el trato fiscal que un mismo supuesto de hecho merece dependiendo del lugar donde se produce.

Tal vez por evitar discriminaciones y agravios entre los diferentes Länder, el modelo federal alemán establece una única regulación del impuesto para todo el Estado. Es decir, que a diferencia de lo que ocurre en España, los Länder alemanes, desde Mecklenburgo hasta el poderoso Estado Libre de Baviera, tienen en esta materia un techo competencial inferior al de las Comunidades Autónomas, y no es de extrañar que la causa de la existencia de una regulación uniforme para todo el Bund resida en la observancia del principio de igualdad y del de unidad de mercado, principios constitucionales que evitan, a diferencia de lo que está ocurriendo en España, que en un Estado federal como el alemán proliferen diferentes normas fiscales, códigos civiles, disposiciones de Derecho procesal o regulaciones mercantiles. A nadie se le ocurre en mi querida Baviera insistir en la necesidad de disponer de un código civil propio y distinto del BGB que, como Derecho uniforme, se aplica en toda Alemania.

En buena medida este sarampión de reformas estatutarias parecen inclinar definitivamente el modelo de estado hacia una confederación en el que impera un peligroso chacun pour soi que deja maltrecho el principio constitucional de solidaridad. Tiene razón Sosa Wagner cuando apunta que el confederalismo nos conduce al desastre, sobre todo teniendo en cuenta que, desde la experiencia, en la reforma constitucional alemana prima la transferencia de competencias de los Länder al Estado. Justo lo contrario de lo que está ocurriendo aquí.

Cordón sanitario


En la agitada Facultad de Derecho sevillano de finales de los setenta tocaba asamblea todos los días. No sé cómo nos las arreglábamos, pero siempre había más alumnos en la tarima del Aula Magna esperando que le dieran la vez para soltar la arenga que oyentes en la sala. Puntualmente aparecía el catedrático por la puerta para asegurarse de que no era posible dar la clase, hasta que un día, harto de la situación, bramó a quienes se encontraban dirigiendo la asamblea: "Estos actores que están continuamente en escena, ¿cuándo se aprenderán los papeles?".

Me vino a la memoria la anécdota al ver este fin de semana al "equipo artístico habitual" del Gobierno en una rueda de prensa convocada para criticar el abominable comportamiento de la derecha, la misma que avisó del inmenso error que suponía caer en los brazos de terroristas. Siento una profunda admiración por todos los actores porque su profesión se me antoja muy compleja, tanto que en ocasiones soy incapaz de advertir si están diciendo lo que de verdad piensan o siguen actuando en este continuo teatro de la vida. Eso me pasa, por ejemplo, cuando escucho decir a José Sacristán que las formas del Partido Popular le recuerdan a conductas de la derecha de otra época, que él consideraba aparcada. En esta cuestión hay que reconocerle a Sacristán su notoria experiencia, porque con sus interpretaciones se convirtió en chofer de esa derecha aparcada, desde su debut en Sor Citroen hasta esa chusca apología del tardofranquismo desplegada por el personaje que interpretó en Vente a Alemania, Pepe (1971) en compañía, por cierto, de la no menos activa Tina Sainz. Dos formidables actores, sin duda; todavía recuerdo la escena en la que José Sacristán intentaba convencer a Antonio Ferrandis -que hacía el papel de un doctor exiliado en Munich- de lo mucho que había cambiado la España de 1971 que él hoy consideraba aparcada. Claro que siempre se podrá decir lo que comentó una famosa actriz de la UFA berlinesa a quienes reprocharon su pasado nazi exhibiéndole una foto en la que aparecía con el brazo en alto saludando a Hitler: "No. Yo no le saludaba: le indicaba que estaba pasando un zeppelín".

Tampoco le faltó ocurrencia a Federico Luppi –otro divo de la escena- cuando recomendó aplicar a la derecha española un cordón sanitario, expresión que parece sacada de las macabras experiencias ideadas por sus paisanos Videla, Massera y Agosti. Me tranquiliza pensar que Luppi también estaba desplegando sus indudables dotes artísticas en la rueda de prensa cuando con no menos gracejo acusó a la derecha de ser "casi gótica". Hombre, si la derecha es gótica lo será de estilo flamígero, que en el debate del lunes alguno quedó chamuscado con las llamaradas despedidas por Rajoy.

Arrepentimiento


Como el Código Penal alemán sí establece la pena de cadena perpetua –al igual que otros ordenamientos jurídicos de la Unión Europea-, se plantea ahora el debate de si dos de los más sanguinarios terroristas (aquí se les llama ahora violentos) , Brigitte Mohnhaupt y Christian Klar, condenados en su día a cinco cadenas perpetuas por cabeza, deben salir de prisión tras haber cumplido veinticuatro años de condena. En Alemania, la cadena perpetua puede verse matizada por un número mínimo de años de cárcel que, en el caso de Brigitte Mohnhaupt, se estableció en 24 años de prisión, hoy a punto de ser cumplidos. Pero para su liberación, de no mediar el indulto del Presidente de la República, siempre es necesario que los tribunales determinen si el preso sigue siendo un peligro para la sociedad. Y, ¿saben cuál es la medida para determinar la existencia o no de ese peligro? El arrepentimiento del condenado.

Mohnhaupt y Klar pertenecen a la segunda generación de la RAF (Rote Armee Fraktion), la banda de los Baader-Meinhof, grupo terrorista fundado a principios de los setenta por Andreas Baader y Gudrun Enslin, y al que unió su nombre Ulrike Meinhof. Tras el suicidio de los miembros fundadores del grupo terrorista en la prisión de Stuttgart-Stammheim, Mohnhaupt y Klar retomaron con virulencia la dirección de la banda terrorista, atribuyéndose los asesinatos del presidente del Dresdner Bank, Jürgen Ponto, del presidente de la Confederación alemana de empresarios, Hans-Martin Schleyer, y del Fiscal General Siegfrid Buback. En total, la RAF asesinó a 34 personas durante 25 años de terror.

La banda terrorista se disolvió en 1998, por supuesto, sin que el Estado alemán se prestara a negociaciones de ningún tipo ni a actos de clemencia que fueran más allá de la liberación de presos con graves enfermedades en estado terminal. El problema está hoy en que la mayoría de los alemanes se niega a otorgar el perdón a dos terroristas que todavía no han expresado su arrepentimiento por el daño causado, y eso que la RAF ya no existe, ni existe tampoco el peligro de que Mohnhaupt y Klar –que rondan ya los sesenta años- retomen la lucha terrorista.

Podrá decirse que el terrorismo no responde a una misma causa, planteamiento que a las víctimas, a quienes han padecido el terror, les da exactamente igual. Mientras miro, otra vez con indisimulada envidia, la estabilidad de los principales partidos alemanes bajo la grosse Koalition, me pregunto si no han sido esa unidad en asuntos de Estado –como la lucha antiterrorista- y la estricta y uniforme aplicación de la norma penal alemana los ingredientes de la receta para la mejor defensa del Estado de Derecho y la consiguiente disolución de la RAF sin proceso de paz ni análogas claudicaciones.

sábado, enero 13, 2007

El leonés errante


Primero se dijo que nunca habría diálogo sin entrega previa de las armas. Después bastó que la banda declarara una tregua "permanente" -pero con plazo de caducidad- para iniciar una negociación de indudable contenido político con quienes se han encargado de demostrar en la Audiencia Nacional lo lejos que queda cualquier sentimiento de arrepentimiento. Ahora, el tan manido "proceso de paz" ha saltado por los aires con el aparcamiento de la T-4 de Barajas, a las pocas horas de que se proclamara a los cuatro vientos lo bien que nos iba a ir en el 2007.

Desde el Gobierno se lanzan mensajes acerca del futuro del "proceso" con una calculada ambigüedad. Mientras algún poliédrico personaje afirma tajantemente desde su Ministerio que el proceso ha muerto, otros pregonan su mera suspensión al estilo irlandés o simplemente callan esperando la llamada de quien ha dado una vuelta de tuerca a la negociación en marcha. Si el Gobierno reanuda las conversaciones con la banda terrorista que le ha puesto dos muertos sobre la mesa demostrará su debilidad extrema y no podrá ya hablar de una negociación, sino de una imposición voluntariamente asumida, un proceso impuesto en el que queda a merced una Eta que modulará a su conveniencia el uso del terror.

Cuando equivocadamente se concede a un grupo terrorista la capacidad de interlocución el Estado de Derecho siempre lleva las de perder. El atentado de la T-4 no supone más que un calculado movimiento de la banda para sondear la profundidad de las tragaderas de este Gobierno y la mansedumbre de quienes, hasta hace poco, "querían saber". De la respuesta ambigua del Gobierno no puede más que concluirse que se prefiere continuar con la negociación antes que volver al fructífero consenso antiterrorista con el principal partido de la oposición representado por un Pacto por las Libertades que, curiosamente, tiene entre sus autores a quien ahora pretende su ineficacia.

Da la sensación que la soberbia de algunos –a esto le llamaban talante- sostiene este "mantenella y no enmendalla" que nos lleva a todos a una terra incognita que nada bueno augura. La búsqueda de apoyos en partidos antisistema, que por sus planteamientos separatistas parecen estar más cerca de las posiciones de la banda terrorista, no es lo más recomendable, a no ser que se pretenda insistir en la estrategia consistente en orillar a quienes representan a millones de españoles. Pero lo verdaderamente preocupante es la denuncia de Rajoy sobre la falta de ideas claras de lo que se pretende hacer en los próximos meses, y creo que el jefe de la oposición prescinde de planteamientos políticos oportunistas cuando formula el aviso. Este barco parece navegar sin rumbo, a la deriva, sin capitán ni timonel y con una tripulación inexperta.

miércoles, enero 03, 2007

El diagnóstico



Esperanza Oña ha denunciado recientemente con indudable valentía la costum-bre o resignación a formar parte de la oposición que embarga a algunos diputa-dos de su grupo en el Parlamento de Andalucía. Tiene Dª Esperanza en su dia-gnóstico toda la razón, pero habrá que ver qué remedio terapéutico le aplica a este paciente incómodo e indisciplinado, tan reacio a cambios bruscos y a perder las que considera son buenas costumbres. La enfermedad, desde luego, parace ser grave, sobre todo cuando se lleva incubando desde hace ya más de dos décadas.

La derecha, confiada exclusivamente en la destreza y el abultado cuentakilóme-tos de su líder, ha tenido en ocasiones a la indolencia entre sus notas característi-cas, frente a la estricta disciplina interna de la que hace gala la izquierda, más bulliciosa, menos acomplejada. En vez de avivar el seso y despertar, alguna dere-cha prefiere el "cualquier tiempo pasado fue mejor" y anda instalada en un continuo, pero acomodado, "carpe diem" que le hace tratar de disfrutar de un largo y placentero presente en la oposición, sólo roto cuando llega la época de confeccionar las listas electorales, momento en el que el durmiente diputado se transforma y pasa a un estado de inusitada actividad. Al-gunos diputados, parece denunciar la Dra. Oña, se han vuelto pastueños, ya sea por tener otras ocupaciones, sin duda más atractivas, o bien porque tienen la no-ble mansedumbre como característica genética, aunque también puede provenir la enfermedad del tedio propio que genera un parlamento regional desactivado por la mayoría absoluta empeñada en que no pase nada.

A mi me recuerda el gesto de Dª Esperanza al que tuvo el conde de Romanones cuando cuando fue interpelado en el Congreso por Melquíades Álvarez: "¿Sabe Ud. –le preguntó Álvarez- qué hubiera hecho Gladstone en su lugar?". Volvien-do la mirada a su grupo parlamentario, sotto voce, Romanones le contestó: "Ya me hubiera gustado a mi ver a Gladstone con esta gentecilla". Y como en el con-sejo de Churchill al joven y novel diputado conservador, imagino que mi admira-da portavoz habrá podido comprobar también que el adversario está enfrente y el enemigo en sus propias filas.

Decía don Pío Cabanillas Gayas, con su sentido del humor tan galaico, que él es-peraba a que ganaran los suyos para saber entonces quienes eran. Esos diputados a los que se refiere Dª Esperanza parece que ganan siempre aunque su partido pierda las elecciones. Imagino que la terapia aplicable a esta enfermedad pasará por someter al enfermo a un largo período de cuarentena, no vaya a ser que la manzana podrida contamine al resto. Como al realizar el diagnóstico, estoy con-vencido de que a la doctora no le va a temblar el pulso en la aplicación de los re-medios terapéuticos.

Tribalismo




Precisamente ahora que hemos cambiado nuestras tradicionales reclamaciones de soberanía sobre Gibraltar por un puñado de tarjetas de embarque, aparece la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España en la que los Obispos españoles ofrecen un benévolo juicio moral acerca de los nacionalismos. Imagino que la Conferencia Episcopal habrá tenido que hacer sus complicados equilibrios al enfrentarse con esta espinosa materia y que esos equilibrios habrán sido tal vez menos complejos al criticar la fuerte oleada de laicismo que nos inunda y que va de la mano de actitudes intolerantes como la de la directora del Instituto de Mijas, pero realmente sorprende la advertida tolerancia de la Instrucción respecto de tendencias políticas incardinables dentro de lo que Ortega denominaba "particularismos", que suponen una grave amenaza para la estabilidad y unidad política de España.

Precisamente ahora que hemos cambiado nuestras tradicionales reclamaciones de soberanía sobre Gibraltar por un puñado de tarjetas de embarque, aparece la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España en la que los Obispos españoles ofrecen un benévolo juicio moral acerca de los nacionalismos. Imagino que la Conferencia Episcopal habrá tenido que hacer sus complicados equilibrios al enfrentarse con esta espinosa materia y que esos equilibrios habrán sido tal vez menos complejos al criticar la fuerte oleada de laicismo que nos inunda y que va de la mano de actitudes intolerantes como la de la directora del Instituto de Mijas, pero realmente sorprende la advertida tolerancia de la Instrucción respecto de tendencias políticas incardinables dentro de lo que Ortega denominaba "particularismos", que suponen una grave amenaza para la estabilidad y unidad política de España.

La Instrucción reconoce la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, "sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos", pretenden "modificar" la unidad política de España, pero también advierte de las consecuencias perniciosas que pueden derivarse de dejarse llevar por impulsos egoístas o por reivindicaciones ideológicas, al tiempo que exalta "la convivencia pacífica y la mayor solidaridad entre los pueblos de España" en el marco de "la unidad histórica y cultural de España" (adviértase que se evita la alusión a la unidad política, sólo empleada al hacer referencia a su legítima modificación; y "modificar" supone siempre transformar una situación preestablecida).

Se me antoja indulgente la posición de la Iglesia española respecto de los nacionalismos después de advertir la contundencia del cardenal Ratzinger al calificar abiertamente las posiciones nacionalistas de "radicalización moderna del tribalismo, es decir, un primitivo lastre de la humanidad" o de "herejía europea", nada más y nada menos, al que sirve o debe servir como antídoto la idea de una Europa unida (Una mirada a Europa, Madrid 1993). La firmeza de Ratzinger no se refleja en la Instrucción Pastoral, sin duda por la necesidad de lograr un punto de entendimiento con posiciones que se apartan de lo escrito en su día por el –entonces- arzobispo de Munich.

Me pregunto, ahora que lanzan la idea de crear en el Vaticano un equipo de futbol para que participe en la alta competición –noticia que me hizo pensar en un adelanto del día de los Inocentes- , si los curas o seminaristas vascos firmantes de ese manifiesto crítico con todo lo que significa España estarían dispuestos a jugar en el equipo que dicen es auspiciado por el mismísimo cardenal Bertone, Secretario de Estado vaticano, o si, por el contrario, también aquí van a tener equipo propio. Cosas de la tribu.


lunes, enero 01, 2007

Las dos caras



Cerca de la ciudad de Leipzig hay un museo dedicado a la guerra fría y a los métodos de espionaje utilizados por el servicio secreto y la policía de seguridad del Estado –la temible STASI- de la antigua República Democrática de Alemania. El plan lectivo que me ha fijado la Universidad de Leipzig para impartir el curso sobre Derecho privado español no me deja tiempo libre para visitar el museo –tampoco soy un apasionado de las novelas de espionaje ni me interesa la materia- pero me cuentan quienes sí han tenido la oportunidad de visitarlo que entre los diferentes artilugios expuestos se encuentran alargadas antenas cuya finalidad era perturbar la normal recepción de las emisiones de radio y de televisión occidentales que tanta influencia tuvieron en la caída del muro de Berlín –quién sabe, a lo mejor es ése el origen de facto de los consejos audiovisuales-. Cuando se trataba de aplicar medidas de contraespionaje, las antenas solían camuflarse, según me dicen, en bosques o chimeneas. Yo no he ido a ver el museo, pero me da la sensación de que éste sí ha sido visitado recientemente por algunos paisanos, cutres herederos de las perversas técnicas del fallecido Markus Wolf, el jefe de los servicios de espionaje de la RDA que fue capaz de colarle al mismísimo Willi Brandt un espía – Günter Guillaume- en su propia casa.

No sé si el museo se completa con panfletos, vídeos o publicaciones dedicadas a emponzoñar la vida política de aquella época felizmente superada mediante la sistemática agresión al adversario; imagino que no, porque en aquella época todos los alcaldes eran del mismo partido, el único que había y del que hoy aquí en Leipzig nadie habla, sencillamente porque la memoria histórica –que en España se usa de forma selectiva; la media memoria de la que escribe Alfonso Lazo- consiste en no hacer memoria para evitar así el enfrentamiento entre quienes toleraron el régimen comunista y quienes lo padecieron (porque sufrirlo lo sufrieron casi todos). Alguna llamada a la memoria he podido observar cerca de la Universidad, en una lápida que recuerda cómo fue volada por el régimen comunista una iglesia que había en ese lugar "mientras los habitantes de esta ciudad miraban para otro lado". La memoria histórica sirve por estos pagos de reproche colectivo y de advertencia a las nuevas generaciones para que defiendan la libertad que hoy tienen.

En mis paseos nocturnos por el centro histórico de Leipzig –a partir de las cuatro de la tarde es noche cerrada- imagino a Julián Besteiro haciendo el mismo recorrido. Besteiro, que se formó en la Universidad de Leipzig, encarnó las verdaderas virtudes del socialismo, que las sigue teniendo, a pesar de que algunos se empeñen en esconderlas con un ejercicio pornográfico del derecho de indulto.