
Decía Groucho que no era el matrimonio quien hacía extraños compañeros de cama sino la política. En política internacional la frase cobra su mayor valor y si no lean ahora los titulares con motivo de la llegada a España del encamado Muamar el Gadaffi y compárenlos con los de aquella –extraña- visita de Aznar al coronel en septiembre de 2003, pocos días después de que la ONU levantara las sanciones económicas impuestas al régimen de la Jamahiriya, tras aceptar éste el pago de indemnizaciones por actos terroristas. En aquellas fechas, Aznar se encontraba en la cuarentena impuesta por la pinza de Chirac y Schröder a cuenta de su apoyo a la intervención en Iraq y necesitaba una fórmula para enojar aún más al francés. De consuno con Bush, Aznar se presentó en Trípoli como su procónsul para dar un incomprensible espaldarazo a las expectativas de cambio de un régimen que, si se caracteriza por algo, es porque en él nunca cambia nada (ahí lo tienen, a punto de cumplir 40 años en el poder).
Quien sí entendió a la perfección a Gadaffi fue Ronald Reagan. En sus diarios (The Reagan Diaries, 2007), Gadaffi se presenta como su particular objetivo. Reagan debutó en la presidencia organizándole unas maniobras navales en aguas jurisdiccionales que Gadaffi consideraba suyas. Cuando Reagan lo comunicó a Annuar el Sadat, éste celebró la demostración de poder con un público apoyo al americano; a los pocos días caía abatido en un atentado durante un desfile. En 1986, Reagan ordenó el ataque aéreo en territorio libio, una cacería ad hominem que hizo entrar en ´razón` al coronel. No es casualidad que la única voz discordante con el raid fuera la de Chirac (con Pompidou se llevaba ya de maravilla por esa particular relación clientelar tradicionalmente cultivada por el vecino y que ahora riega Sarkozy).
Volvamos a Aznar. Su visita a Trípoli, tan extraña como inoportuna –recuerden el regalo del caballo, ´el rayo del líder`, para algunos un purasangre y para otros un penco-, fue duramente criticada por Zapatero, entonces en la oposición, que aprovechó para afirmar la inexistencia de una política exterior, rotas, como estaban, las relaciones con Marruecos y el eje franco-alemán (en sus recién publicadas memorias, Schröder ningunea a Aznar, pero de Zapatero no dice una palabra).¿Qué ha cambiado con el paso del tiempo? Mucho, pero Gadaffi y su régimen no han cambiado nada. El discurso extravagante sigue siendo el mismo, ya en la Cumbre de El Cairo del 2000 o en la de Lisboa de 2007.
Ahora plantará su jaima en Andalucía, rodeado de sus bellas guardaespaldas, un avance informativo terrenal y carnal de las huríes del paraíso, y se recreará en la contemplación de lo que considera suyo. A ver si lo entrevista Quintero y, al menos, nos divertimos jugando al who´s who.

No hay comentarios:
Publicar un comentario