domingo, febrero 25, 2007

Acción exterior


Cuenta el historiador alemán Hüttl que el rey Luis II de Baviera - ensimismado en su complejo mundo, cansado de su tierra y de su propio gobierno que le negaba más dinero para construir sus caprichosos castillos y palacios- ordenó a su embajador en la corte española proponer a la reina Isabel II la compra de la isla de Mallorca. La reina española, claro está, mandó al embajador y a su regio primo a tomar viento.

Baviera tuvo embajadores porque fue reino hasta el año 1919. Hoy, el Estado Libre de Baviera no tiene más embajadas que la alemana, y más política exterior que la que diseña Berlín para todo el Estado. No se da en modelos políticos de corte federal como el alemán la posibilidad de que los Länder coordinen su propia política exterior con la del Estado central, porque los Länder no tienen competencias en materia de relaciones internacionales. La competencia la ostenta en exclusiva el Bund, que es quien mejor defiende los intereses de la Nación mediante una política única que, cuanto menos, procura coherencia y evita que los presidentes de los Länder anden zascandileando allende las fronteras federales haciendo uso del treaty-making power como si fueran verdaderos sujetos de derecho internacional.

La Constitución española siguió a la Ley Fundamental alemana al conferir también al Estado la competencia exclusiva en materia de relaciones internacionales. Sólo al Estado le corresponde la capacidad de obligarse frente a Estados extranjeros u organizaciones inter o supranacionales, como tiene dicho el Tribunal Constitucional, y las Comunidades Autónomas tienen limitada su proyección exterior a fin de no incidir o entorpecer la política exterior del Estado. Sin embargo, la hipertrofia competencial provocada por alguna reforma estatutaria ha venido a institucionalizar una suerte de política exterior autonómica que pugna abiertamente con la exclusividad reservada al Estado.

De esos polvos, estos lodos. La política exterior del Estado se ha visto también afectada por el pernicioso principio de bilateralidad. Se habla ahora abiertamente de "coordinar la política exterior de la Generalitat con la del Estado", imponiendo así una reciprocidad que no tiene cabida en la Constitución. Para preparar el ambiente adecuado al recurso de inconstitucionalidad contra determinados preceptos del Estatuto catalán se afirma alegremente que la estimación por el Tribunal Constitucional de la recusación de uno de sus magistrados constituye un golpe de estado (sic), demostrando así quienes se debaten entre el birrete y la gorra de plato el verdadero respeto que le merecen las decisiones judiciales cuando no les son convenientes. Y es que el sectarismo y la soberbia llevan siempre a la convicción de que las reglas del juego están hechas para los demás.

El algodón



Afirma Miguel Sanz, presidente de la UPN y de la Comunidad navarra, que él, a diferencia del candidato socialista a la presidencia de su Comunidad, Fernando Puras, no viene a Andalucía para aprender porque <>. Según Sanz, él sólo puede venir a enseñar, pero nunca a aprender. Por supuesto, determinada prensa andaluza ha considerado las palabras de Sanz –representante, cómo no, de la que denominan <>-, como un agravio y una falta de respeto a la imparable realidad andaluza.

Mucho me temo que sin perjuicio de lamentar las formas, el Sr. Sanz tiene razón en el fondo. La semana pasada recibí puntualmente el resumen que remite Eurostat sobre la tasa de desempleo regional en la Europa de los veinticinco y, como viene siendo una constante desde el ingreso de España en la CEE, Andalucía sigue estando en el top 20 de las regiones europeas con mayor tasa de desempleo. Hemos descendido posiciones en ese ranking de pobreza –ya no estamos en el <> club del top 10, precedidos sólo por las regiones francesas de ultramar-, pero no es menos cierto que el descenso se ha producido por el efecto de la entrada de nuevos países en la UE, sobre todo de Polonia y de Eslovaquia, que han aportado con su ingreso regiones con mayor tasa de desempleo de la que padece Andalucía, si bien, a diferencia de nuestra Comunidad, ni Polonia ni Eslovaquia llevan más de dos décadas beneficiándose de ayudas comunitarias. Tampoco hemos dejado de ser una de las regiones europeas con más paro femenino (19.4%) y seguimos también en el pelotón de cabeza de jóvenes parados (24.5%).

Eurostat es la prueba del algodón que no engaña. Si algo puede asegurarse es que el vigente Estatuto de Autonomía no es precisamente el culpable de que Andalucía siga formando parte del grupo de regiones más pobres de la UE. Da cierto pudor oir cómo se promete desde el poder alcanzar la luna con la sola aprobación de un texto estatutario que ha servido de coartada a políticas dominadas por el egoismo y la ruptura. El Regions. Statistical Yearbook 2006, recientemente publicado, pone en evidencia la gran mentira de segundas y terceras modernizaciones y de imparables realidades nacionales, y deja al aire las vergüenzas de una campaña de propaganda que sólo es ejemplo de publicidad engañosa. Se dice ahora desde la fácil tribuna mitinera que con el nuevo Estatuto pasaremos a estar entre las regiones europeas más avanzadas, a jugar en esa liga de regiones galácticas que en pura realidad nos son inalcanzables, pasando por alto la dura realidad de una región que está anclada en la cola de Europa.

Elogio de la experiencia



"Llaneza, muchacho, y no te encumbres". En su discurso pronunciado con motivo de su toma de posesión como miembro del Consejo de Estado, Leopoldo Calvo Sotelo, el más lúcido y brillante presidente del gobierno de la todavía joven democracia española, hizo suyas las palabras que Maeso Pedro dirigió al joven titiritero con Don Quijote de testigo para trazar en su intervención un acertado diagnóstico de la enfermedad que padece España por mor de la equivocada terapia que aplica quien hoy es su médico de cabecera. Desandar el camino laboriosamente desbrozado con la Transición para situarse en los nefastos años treinta supone realizar "un arriesgado ejercicio de funambulismo histórico" que tiene como principal víctima al siempre deseable consenso entre los partidos mayoritarios.

"Llaneza, muchacho, y no te encumbres". Pero este joven Lucilio no lee las epístolas morales que le envía Séneca, y sólo se guía por una intuición impregnada de eso que llaman baraka, pero que se está acabando. La llaneza es humildad, sencillez, buena fe, sentido común, pero el joven titiritero no se deja conducir por quienes desde sus propias filas critican, con timidez, pero desde la experiencia, una política exterior de "buenones" que nos ha llevado de la intimidad de Camp David a convertirnos en ruidosos palmeros de un coro de peligrosos personajes que nada bueno auguran. Sólo González se ha atrevido a levantar tímidamente la voz, pero a la vista está que el joven no hace caso ni a quien no hace mucho se sentó en el olimpo socialista ungido por los Palme, Kreisky y Brandt. En la visita a Doñana el joven lo trató como a un ánsar más de la fauna autóctona; lo imagino allí sentado en una hamaca mientras veía, como Vitto Andolini, correr a la niñas por entre las tomateras. Bien podría ser una reedición del "Adios, amigo" que el experto González le dedicó a Willy Brandt en su funeral.

"Llaneza, muchacho, y no encumbres". La política es el mundo de las sombras, pero la única luz que se ve al fondo del túnel la procuran aquellos que por experiencia saben conducirse con mayor soltura entre tinieblas. En España hemos convertido la política en la profesión de los que no tienen otra y encima se premia la inexperiencia ascendiendo al novel a los más altos cargos, como si se tratara de un deporte, donde los triunfos corresponden a los más jóvenes.

"Llaneza, muchacho, y no te encumbres". El encumbrado se deja entrevistar por otro ruiseñor de voz aflautada que parece haber olvidado la distancia que debe separar siempre al poder de la justicia. Viendo este espectáculo no es de extrañar que, como Don Quijote, den ganas de mandar el retablo y a su joven titiritero a hacer puñetas.

domingo, febrero 11, 2007

El avispero


Una reciente sentencia del Tribunal Constitucional alemán ha derogado el Impuesto de Sucesiones y Donaciones por considerarlo contrario al principio de igualdad al establecer distintas fórmulas de determinación de la base imponible del impuesto según el concreto bien o derecho que forme parte del caudal hereditario. La sentencia, acogida por la ciudadanía con lógico entusiasmo, ha provocado una discusión política acerca de si debe mantenerse un impuesto que en otros países de la Unión Europea ya ha sido suprimido.

La resolución del Tribunal de Karlruhe despertó mi curiosidad sobre el tratamiento legislativo que merece este impuesto en un estado federal modelo como es Alemania. Es sabido que, en España, las Comunidades Autónomas tienen competencias sobre este impuesto en materias relativas a la reducción de la base imponible y en las deducciones de la cuota íntegra. El ejercicio diverso de las competencias según cada concreta Comunidad Autónoma ha provocado la existencia de diferentes marcos fiscales, una situación que a cualquier lego en esta materia puede resultarle a priori contraria al constitucional principio de igualdad por ser diferente el trato fiscal que un mismo supuesto de hecho merece dependiendo del lugar donde se produce.

Tal vez por evitar discriminaciones y agravios entre los diferentes Länder, el modelo federal alemán establece una única regulación del impuesto para todo el Estado. Es decir, que a diferencia de lo que ocurre en España, los Länder alemanes, desde Mecklenburgo hasta el poderoso Estado Libre de Baviera, tienen en esta materia un techo competencial inferior al de las Comunidades Autónomas, y no es de extrañar que la causa de la existencia de una regulación uniforme para todo el Bund resida en la observancia del principio de igualdad y del de unidad de mercado, principios constitucionales que evitan, a diferencia de lo que está ocurriendo en España, que en un Estado federal como el alemán proliferen diferentes normas fiscales, códigos civiles, disposiciones de Derecho procesal o regulaciones mercantiles. A nadie se le ocurre en mi querida Baviera insistir en la necesidad de disponer de un código civil propio y distinto del BGB que, como Derecho uniforme, se aplica en toda Alemania.

En buena medida este sarampión de reformas estatutarias parecen inclinar definitivamente el modelo de estado hacia una confederación en el que impera un peligroso chacun pour soi que deja maltrecho el principio constitucional de solidaridad. Tiene razón Sosa Wagner cuando apunta que el confederalismo nos conduce al desastre, sobre todo teniendo en cuenta que, desde la experiencia, en la reforma constitucional alemana prima la transferencia de competencias de los Länder al Estado. Justo lo contrario de lo que está ocurriendo aquí.

Cordón sanitario


En la agitada Facultad de Derecho sevillano de finales de los setenta tocaba asamblea todos los días. No sé cómo nos las arreglábamos, pero siempre había más alumnos en la tarima del Aula Magna esperando que le dieran la vez para soltar la arenga que oyentes en la sala. Puntualmente aparecía el catedrático por la puerta para asegurarse de que no era posible dar la clase, hasta que un día, harto de la situación, bramó a quienes se encontraban dirigiendo la asamblea: "Estos actores que están continuamente en escena, ¿cuándo se aprenderán los papeles?".

Me vino a la memoria la anécdota al ver este fin de semana al "equipo artístico habitual" del Gobierno en una rueda de prensa convocada para criticar el abominable comportamiento de la derecha, la misma que avisó del inmenso error que suponía caer en los brazos de terroristas. Siento una profunda admiración por todos los actores porque su profesión se me antoja muy compleja, tanto que en ocasiones soy incapaz de advertir si están diciendo lo que de verdad piensan o siguen actuando en este continuo teatro de la vida. Eso me pasa, por ejemplo, cuando escucho decir a José Sacristán que las formas del Partido Popular le recuerdan a conductas de la derecha de otra época, que él consideraba aparcada. En esta cuestión hay que reconocerle a Sacristán su notoria experiencia, porque con sus interpretaciones se convirtió en chofer de esa derecha aparcada, desde su debut en Sor Citroen hasta esa chusca apología del tardofranquismo desplegada por el personaje que interpretó en Vente a Alemania, Pepe (1971) en compañía, por cierto, de la no menos activa Tina Sainz. Dos formidables actores, sin duda; todavía recuerdo la escena en la que José Sacristán intentaba convencer a Antonio Ferrandis -que hacía el papel de un doctor exiliado en Munich- de lo mucho que había cambiado la España de 1971 que él hoy consideraba aparcada. Claro que siempre se podrá decir lo que comentó una famosa actriz de la UFA berlinesa a quienes reprocharon su pasado nazi exhibiéndole una foto en la que aparecía con el brazo en alto saludando a Hitler: "No. Yo no le saludaba: le indicaba que estaba pasando un zeppelín".

Tampoco le faltó ocurrencia a Federico Luppi –otro divo de la escena- cuando recomendó aplicar a la derecha española un cordón sanitario, expresión que parece sacada de las macabras experiencias ideadas por sus paisanos Videla, Massera y Agosti. Me tranquiliza pensar que Luppi también estaba desplegando sus indudables dotes artísticas en la rueda de prensa cuando con no menos gracejo acusó a la derecha de ser "casi gótica". Hombre, si la derecha es gótica lo será de estilo flamígero, que en el debate del lunes alguno quedó chamuscado con las llamaradas despedidas por Rajoy.

Arrepentimiento


Como el Código Penal alemán sí establece la pena de cadena perpetua –al igual que otros ordenamientos jurídicos de la Unión Europea-, se plantea ahora el debate de si dos de los más sanguinarios terroristas (aquí se les llama ahora violentos) , Brigitte Mohnhaupt y Christian Klar, condenados en su día a cinco cadenas perpetuas por cabeza, deben salir de prisión tras haber cumplido veinticuatro años de condena. En Alemania, la cadena perpetua puede verse matizada por un número mínimo de años de cárcel que, en el caso de Brigitte Mohnhaupt, se estableció en 24 años de prisión, hoy a punto de ser cumplidos. Pero para su liberación, de no mediar el indulto del Presidente de la República, siempre es necesario que los tribunales determinen si el preso sigue siendo un peligro para la sociedad. Y, ¿saben cuál es la medida para determinar la existencia o no de ese peligro? El arrepentimiento del condenado.

Mohnhaupt y Klar pertenecen a la segunda generación de la RAF (Rote Armee Fraktion), la banda de los Baader-Meinhof, grupo terrorista fundado a principios de los setenta por Andreas Baader y Gudrun Enslin, y al que unió su nombre Ulrike Meinhof. Tras el suicidio de los miembros fundadores del grupo terrorista en la prisión de Stuttgart-Stammheim, Mohnhaupt y Klar retomaron con virulencia la dirección de la banda terrorista, atribuyéndose los asesinatos del presidente del Dresdner Bank, Jürgen Ponto, del presidente de la Confederación alemana de empresarios, Hans-Martin Schleyer, y del Fiscal General Siegfrid Buback. En total, la RAF asesinó a 34 personas durante 25 años de terror.

La banda terrorista se disolvió en 1998, por supuesto, sin que el Estado alemán se prestara a negociaciones de ningún tipo ni a actos de clemencia que fueran más allá de la liberación de presos con graves enfermedades en estado terminal. El problema está hoy en que la mayoría de los alemanes se niega a otorgar el perdón a dos terroristas que todavía no han expresado su arrepentimiento por el daño causado, y eso que la RAF ya no existe, ni existe tampoco el peligro de que Mohnhaupt y Klar –que rondan ya los sesenta años- retomen la lucha terrorista.

Podrá decirse que el terrorismo no responde a una misma causa, planteamiento que a las víctimas, a quienes han padecido el terror, les da exactamente igual. Mientras miro, otra vez con indisimulada envidia, la estabilidad de los principales partidos alemanes bajo la grosse Koalition, me pregunto si no han sido esa unidad en asuntos de Estado –como la lucha antiterrorista- y la estricta y uniforme aplicación de la norma penal alemana los ingredientes de la receta para la mejor defensa del Estado de Derecho y la consiguiente disolución de la RAF sin proceso de paz ni análogas claudicaciones.

sábado, enero 13, 2007

El leonés errante


Primero se dijo que nunca habría diálogo sin entrega previa de las armas. Después bastó que la banda declarara una tregua "permanente" -pero con plazo de caducidad- para iniciar una negociación de indudable contenido político con quienes se han encargado de demostrar en la Audiencia Nacional lo lejos que queda cualquier sentimiento de arrepentimiento. Ahora, el tan manido "proceso de paz" ha saltado por los aires con el aparcamiento de la T-4 de Barajas, a las pocas horas de que se proclamara a los cuatro vientos lo bien que nos iba a ir en el 2007.

Desde el Gobierno se lanzan mensajes acerca del futuro del "proceso" con una calculada ambigüedad. Mientras algún poliédrico personaje afirma tajantemente desde su Ministerio que el proceso ha muerto, otros pregonan su mera suspensión al estilo irlandés o simplemente callan esperando la llamada de quien ha dado una vuelta de tuerca a la negociación en marcha. Si el Gobierno reanuda las conversaciones con la banda terrorista que le ha puesto dos muertos sobre la mesa demostrará su debilidad extrema y no podrá ya hablar de una negociación, sino de una imposición voluntariamente asumida, un proceso impuesto en el que queda a merced una Eta que modulará a su conveniencia el uso del terror.

Cuando equivocadamente se concede a un grupo terrorista la capacidad de interlocución el Estado de Derecho siempre lleva las de perder. El atentado de la T-4 no supone más que un calculado movimiento de la banda para sondear la profundidad de las tragaderas de este Gobierno y la mansedumbre de quienes, hasta hace poco, "querían saber". De la respuesta ambigua del Gobierno no puede más que concluirse que se prefiere continuar con la negociación antes que volver al fructífero consenso antiterrorista con el principal partido de la oposición representado por un Pacto por las Libertades que, curiosamente, tiene entre sus autores a quien ahora pretende su ineficacia.

Da la sensación que la soberbia de algunos –a esto le llamaban talante- sostiene este "mantenella y no enmendalla" que nos lleva a todos a una terra incognita que nada bueno augura. La búsqueda de apoyos en partidos antisistema, que por sus planteamientos separatistas parecen estar más cerca de las posiciones de la banda terrorista, no es lo más recomendable, a no ser que se pretenda insistir en la estrategia consistente en orillar a quienes representan a millones de españoles. Pero lo verdaderamente preocupante es la denuncia de Rajoy sobre la falta de ideas claras de lo que se pretende hacer en los próximos meses, y creo que el jefe de la oposición prescinde de planteamientos políticos oportunistas cuando formula el aviso. Este barco parece navegar sin rumbo, a la deriva, sin capitán ni timonel y con una tripulación inexperta.

miércoles, enero 03, 2007

El diagnóstico



Esperanza Oña ha denunciado recientemente con indudable valentía la costum-bre o resignación a formar parte de la oposición que embarga a algunos diputa-dos de su grupo en el Parlamento de Andalucía. Tiene Dª Esperanza en su dia-gnóstico toda la razón, pero habrá que ver qué remedio terapéutico le aplica a este paciente incómodo e indisciplinado, tan reacio a cambios bruscos y a perder las que considera son buenas costumbres. La enfermedad, desde luego, parace ser grave, sobre todo cuando se lleva incubando desde hace ya más de dos décadas.

La derecha, confiada exclusivamente en la destreza y el abultado cuentakilóme-tos de su líder, ha tenido en ocasiones a la indolencia entre sus notas característi-cas, frente a la estricta disciplina interna de la que hace gala la izquierda, más bulliciosa, menos acomplejada. En vez de avivar el seso y despertar, alguna dere-cha prefiere el "cualquier tiempo pasado fue mejor" y anda instalada en un continuo, pero acomodado, "carpe diem" que le hace tratar de disfrutar de un largo y placentero presente en la oposición, sólo roto cuando llega la época de confeccionar las listas electorales, momento en el que el durmiente diputado se transforma y pasa a un estado de inusitada actividad. Al-gunos diputados, parece denunciar la Dra. Oña, se han vuelto pastueños, ya sea por tener otras ocupaciones, sin duda más atractivas, o bien porque tienen la no-ble mansedumbre como característica genética, aunque también puede provenir la enfermedad del tedio propio que genera un parlamento regional desactivado por la mayoría absoluta empeñada en que no pase nada.

A mi me recuerda el gesto de Dª Esperanza al que tuvo el conde de Romanones cuando cuando fue interpelado en el Congreso por Melquíades Álvarez: "¿Sabe Ud. –le preguntó Álvarez- qué hubiera hecho Gladstone en su lugar?". Volvien-do la mirada a su grupo parlamentario, sotto voce, Romanones le contestó: "Ya me hubiera gustado a mi ver a Gladstone con esta gentecilla". Y como en el con-sejo de Churchill al joven y novel diputado conservador, imagino que mi admira-da portavoz habrá podido comprobar también que el adversario está enfrente y el enemigo en sus propias filas.

Decía don Pío Cabanillas Gayas, con su sentido del humor tan galaico, que él es-peraba a que ganaran los suyos para saber entonces quienes eran. Esos diputados a los que se refiere Dª Esperanza parece que ganan siempre aunque su partido pierda las elecciones. Imagino que la terapia aplicable a esta enfermedad pasará por someter al enfermo a un largo período de cuarentena, no vaya a ser que la manzana podrida contamine al resto. Como al realizar el diagnóstico, estoy con-vencido de que a la doctora no le va a temblar el pulso en la aplicación de los re-medios terapéuticos.

Tribalismo




Precisamente ahora que hemos cambiado nuestras tradicionales reclamaciones de soberanía sobre Gibraltar por un puñado de tarjetas de embarque, aparece la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España en la que los Obispos españoles ofrecen un benévolo juicio moral acerca de los nacionalismos. Imagino que la Conferencia Episcopal habrá tenido que hacer sus complicados equilibrios al enfrentarse con esta espinosa materia y que esos equilibrios habrán sido tal vez menos complejos al criticar la fuerte oleada de laicismo que nos inunda y que va de la mano de actitudes intolerantes como la de la directora del Instituto de Mijas, pero realmente sorprende la advertida tolerancia de la Instrucción respecto de tendencias políticas incardinables dentro de lo que Ortega denominaba "particularismos", que suponen una grave amenaza para la estabilidad y unidad política de España.

Precisamente ahora que hemos cambiado nuestras tradicionales reclamaciones de soberanía sobre Gibraltar por un puñado de tarjetas de embarque, aparece la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España en la que los Obispos españoles ofrecen un benévolo juicio moral acerca de los nacionalismos. Imagino que la Conferencia Episcopal habrá tenido que hacer sus complicados equilibrios al enfrentarse con esta espinosa materia y que esos equilibrios habrán sido tal vez menos complejos al criticar la fuerte oleada de laicismo que nos inunda y que va de la mano de actitudes intolerantes como la de la directora del Instituto de Mijas, pero realmente sorprende la advertida tolerancia de la Instrucción respecto de tendencias políticas incardinables dentro de lo que Ortega denominaba "particularismos", que suponen una grave amenaza para la estabilidad y unidad política de España.

La Instrucción reconoce la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, "sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos", pretenden "modificar" la unidad política de España, pero también advierte de las consecuencias perniciosas que pueden derivarse de dejarse llevar por impulsos egoístas o por reivindicaciones ideológicas, al tiempo que exalta "la convivencia pacífica y la mayor solidaridad entre los pueblos de España" en el marco de "la unidad histórica y cultural de España" (adviértase que se evita la alusión a la unidad política, sólo empleada al hacer referencia a su legítima modificación; y "modificar" supone siempre transformar una situación preestablecida).

Se me antoja indulgente la posición de la Iglesia española respecto de los nacionalismos después de advertir la contundencia del cardenal Ratzinger al calificar abiertamente las posiciones nacionalistas de "radicalización moderna del tribalismo, es decir, un primitivo lastre de la humanidad" o de "herejía europea", nada más y nada menos, al que sirve o debe servir como antídoto la idea de una Europa unida (Una mirada a Europa, Madrid 1993). La firmeza de Ratzinger no se refleja en la Instrucción Pastoral, sin duda por la necesidad de lograr un punto de entendimiento con posiciones que se apartan de lo escrito en su día por el –entonces- arzobispo de Munich.

Me pregunto, ahora que lanzan la idea de crear en el Vaticano un equipo de futbol para que participe en la alta competición –noticia que me hizo pensar en un adelanto del día de los Inocentes- , si los curas o seminaristas vascos firmantes de ese manifiesto crítico con todo lo que significa España estarían dispuestos a jugar en el equipo que dicen es auspiciado por el mismísimo cardenal Bertone, Secretario de Estado vaticano, o si, por el contrario, también aquí van a tener equipo propio. Cosas de la tribu.


lunes, enero 01, 2007

Las dos caras



Cerca de la ciudad de Leipzig hay un museo dedicado a la guerra fría y a los métodos de espionaje utilizados por el servicio secreto y la policía de seguridad del Estado –la temible STASI- de la antigua República Democrática de Alemania. El plan lectivo que me ha fijado la Universidad de Leipzig para impartir el curso sobre Derecho privado español no me deja tiempo libre para visitar el museo –tampoco soy un apasionado de las novelas de espionaje ni me interesa la materia- pero me cuentan quienes sí han tenido la oportunidad de visitarlo que entre los diferentes artilugios expuestos se encuentran alargadas antenas cuya finalidad era perturbar la normal recepción de las emisiones de radio y de televisión occidentales que tanta influencia tuvieron en la caída del muro de Berlín –quién sabe, a lo mejor es ése el origen de facto de los consejos audiovisuales-. Cuando se trataba de aplicar medidas de contraespionaje, las antenas solían camuflarse, según me dicen, en bosques o chimeneas. Yo no he ido a ver el museo, pero me da la sensación de que éste sí ha sido visitado recientemente por algunos paisanos, cutres herederos de las perversas técnicas del fallecido Markus Wolf, el jefe de los servicios de espionaje de la RDA que fue capaz de colarle al mismísimo Willi Brandt un espía – Günter Guillaume- en su propia casa.

No sé si el museo se completa con panfletos, vídeos o publicaciones dedicadas a emponzoñar la vida política de aquella época felizmente superada mediante la sistemática agresión al adversario; imagino que no, porque en aquella época todos los alcaldes eran del mismo partido, el único que había y del que hoy aquí en Leipzig nadie habla, sencillamente porque la memoria histórica –que en España se usa de forma selectiva; la media memoria de la que escribe Alfonso Lazo- consiste en no hacer memoria para evitar así el enfrentamiento entre quienes toleraron el régimen comunista y quienes lo padecieron (porque sufrirlo lo sufrieron casi todos). Alguna llamada a la memoria he podido observar cerca de la Universidad, en una lápida que recuerda cómo fue volada por el régimen comunista una iglesia que había en ese lugar "mientras los habitantes de esta ciudad miraban para otro lado". La memoria histórica sirve por estos pagos de reproche colectivo y de advertencia a las nuevas generaciones para que defiendan la libertad que hoy tienen.

En mis paseos nocturnos por el centro histórico de Leipzig –a partir de las cuatro de la tarde es noche cerrada- imagino a Julián Besteiro haciendo el mismo recorrido. Besteiro, que se formó en la Universidad de Leipzig, encarnó las verdaderas virtudes del socialismo, que las sigue teniendo, a pesar de que algunos se empeñen en esconderlas con un ejercicio pornográfico del derecho de indulto.

viernes, diciembre 22, 2006

Mr. Látigo

Mr. Látigo

A Max Merkel lo trajo José Ramón Cisneros al Sevilla FC cuando ya no jugaba Senekowitch Séneca en el Real Betis. Venía Merkel de hacer campeón de la Bundesliga al TSV 1860 Munich, el equipo del abuelo Alois, su amigo y admirador. Nació Merkel en Viena. Su padre era un oficial prusiano y su madre una vienesa del barrio de Grinzing que, como el de Triana, imprime carácter. Del padre heredó el rigor y la disciplina prusianas que empleó con sus jugadores: "el futbolista necesita latigazos en su espalda desnuda", decía Merkel –internacional alemán y austríaco-, resumiendo con esa frase las enseñanzas paternas. Por eso, Merkel nunca fue un entrenador querido por los jugadores; más bien todo lo contrario: los del Bayern llegaron a hacer huelga para que no les entrenara. De su madre recibió el sentido del humor típicamente vienés, ácido, cuando no cínico: "España es un país formidable, pero sería mucho mejor si no vivieran en España tantos españoles", dijo cuando fue despedido del Atético de Madrid, después de haberle hecho campeón de Liga y de Copa.

Me cuenta José María Cruz, oráculo sevillista y azote de sus amigos béticos, que cuando Merkel llegó a Sevilla, Cisneros se lo llevó a Conil para alejarlo de la prensa sevillana. No contó José Ramón con la presencia de la amiga del entrenador, una espectacular aria que, paseándose con su bikini por Conil, procuró la atención no sólo de la prensa sevillana sino de la de toda España. Max Merkel –Míster Látigo, MM, Zampone- hizo del Sevilla FC en pocos meses una máquina de hacer fútbol basada exclusivamente en la fuerza física de sus jugadores. "Míster, nos aburrimos de dar vueltas al campo", le decía el capitán de la plantilla con miedo. "Pues sigan Udes. dando la vuelta al campo, pero ahora en sentido contrario", les decía Merkel, después de interminables subidas y bajadas por las escaleras del Sánchez Pizjuan. El Sevilla FC quedó tercero en la Liga, puesto que no ha superado desde entonces. Como decía Merkel "cuando el Sevilla pierde un partido tres pueden ser las causas: el viento, la lluvia o que las velas al Santo de turno eran muy cortas".

Merkel prodigó su acidez como entrenador y comentarista de fútbol tras su periplo español. "Lo más bonito de Schalke es la salida del autopista a Munich", dijo tras ser despedido del ´04. De su paisano Koncilia –jugador y después entrenador- afirmó que debía se expuesto en la puerta de la Universidad de Innsbruck, "porque no hay nadie que tenga menos cerebro que él". De Basler, jugador del Bayern de Munich, dijo que era un parquímetro, "porque no se mueve y su equipo no deja de meterle dinero en el bolsillo". El día que murió en Putzbrunn (Baviera) su equipo del alma jugaba en Zurich y no llevaba luto por él. Al menos nos deja heredero: Bernd Schuster.

Bandoleros

Dicen que el último bandolero andaluz fue Juan Mingolla, Pasos Largos, que hoy le da nombre a un buen vino de la Serranía rondeña. Mingolla murió en 1934 después de cumplir condena en el penal de Figueras, del que salió indultado para volver de inmediato a sus querencias: la sierra y la caza furtiva. Pasos Largos, legendario por tirarse del Mure cuando era perseguido por los guardias, murió en un enfrentamiento con la Guardia Civil en la Sierra de las Nieves, pero con él no acabó el bandidaje.

El bandolerismo se ha reconvertido con el paso de los años. Hoy ya no tiene el carácter violento de Vivillo, Flores Arrocha o el Bizco de Borge, de quienes nos hablaba Pepe Navarrete en sus clases de Derecho Penal, ni tampoco el romanticismo de José María Hinojosa, Tempranillo, cordobés de Jauja que prefirió quedarse en la tierra antes de emigrar a otras más prósperas –quién sabe qué altas metas hubiera alcanzado con su inteligencia de haberse establecido en Cataluña, es un poner- o al estepeño Juan Caballero, El Lero, de quien no hace mucho escribió don Victor Márquez Reviriego. A Tempranillo y Lero los indultó Fernando VII con sus respectivas cuadrillas para convertirlos en servidores del orden especializados en la represión del bandolerismo, y a poco estuvieron de cumplir el objetivo si no llega a caer Tempranillo en la emboscada que le tendió uno de sus perseguidos.

Hoy el bandolero ha cambiado el caballo por los coches de gran cilindrada; el trabuco por el hierro del 7, la faca por lujosas estilográficas y la cueva por el chalé hortera. Su campo de actuación geográfico ya no es la sierra, porque nuestro bandolero ya no se echa al monte, prefiriendo concentrar su campo de actuación en los términos municipales delimitados por los correspondientes planes generales de ordenación. "El rey mandará en Madrid, en la sierra mando yo", fue en su día el grito de guerra de quienes fijaban la frontera –y su soberanía- en Sierra Morena o en la Sierra de Ronda; hoy, donde nuestro bandolero ejerce poder es en el urbanismo, que le procura la riqueza con la que sufragar el hedonismo patológico en el que vive, en algunos casos, con advertida tolerancia de quienes mandan. En eso se distingue de sus homólogos italianos, austeros y ahorradores ya en la cosa nostra, camorra o la n´dragueta. A Salvatore Provenzano, capo di tutti capi, lo cazaron en una muy modesta finca siciliana, sin luz ni agua corriente, comiendo ricotta y comunicándose con su gente por medio de pizzini.

Precisamente esa inclinación por el lujo acerca al bandolero de hoy a los carteles mejicanos de Tijuana, Sinaloa o Jalisco, cuyos jefes también gustan de nadar en la abundancia hortera. Sería interesante analizar con más detalle este fenómeno sociológico. Urge un viaje de estudios a Guadalajara.

Alianza de contradicciones

Se ha presentado en el Estambul de Orhan Pamuk el informe sobre la Alianza de las Civilizaciones. El extenso documento – de treinta y nueve páginas, todavía no traducido al español- ha sido auspiciado por Naciones Unidas, con el patrocinio de los gobiernos de España y Turquía, y ha contado en su elaboración con un numeroso grupo de expertos –el denominado GAN, Grupo de Alto Nivel- compuesto en su mayoría por bienintencionados, pero también por algunos lobos con piel de cordero. El texto, como no podía ser de otra forma viniendo de ese organismo internacional, es un compendio de tópicos, lugares comunes, utopías y buenos deseos, resumidos en unas recomendaciones centradas en la educación, la juventud, la inmigración y la actuación de los medios de comunicación (para quienes se recomiendan unos peligrosos códigos de conducta inspirados por la voluntad de restringir la libertad de expresión precisamente allí donde existe).

Con el ánimo de establecer puentes en un mundo dividido, el GAN resume la raison d´etre del documento en la voluntad de respetar la diversidad cultural y religiosa. Claro está que ese respeto queda en entredicho cuando uno de los patrocinadores del engendro –el premier turco Erdogan- ha anunciado ya que no estará en su tierra para recibir al Papa en la visita que Benedicto XVI cursará a Turquía a finales de este mes de noviembre. El desaire –que recuerda la huída de un vicepresidente español a la Rumanía del conducator Ceaucescu cuando la visita de Reagan- no sólo es una afrenta al Papa, sino sobre todo a la minoría cristiana turca. Y es que esa es otra de las graves contradicciones en las que cae el documento: se recomienda el respeto a las minorías, pero no parece realmente que se predique con el ejemplo en el caso kurdo ni tampoco con el aislamiento impuesto en la parte turca de Chipre que tanto está dificultando –junto al espinoso tema del respeto a los derechos humanos- el avance de las negociaciones para el ingreso de Turquía en la UE.

Son muy numerosas las apelaciones que realiza el documento a la paz, la coexistencia pacífica y al consenso entre las naciones, pero mal casa la presencia de Jatami en el grupo de expertos cuando su presidente, Ahmadineyad, defiende, el mismo día de la presentación del documento sobre la Alianza de Civilizaciones, que "Israel debe ser borrada del mapa". Con ese respaldo, ya pueden imaginar la eficacia que puede llegar a tener este texto, huérfano de apoyo de líderes mundiales que han dado la espalda a este estrambote, monumento a la vana palabrería. Y es que el problema de fondo reside en el deliberado error de otorgar un régimen de igualdad a situaciones que son desiguales, pero pretendiendo igualar a costa de quienes defienden valores inspirados en la libertad y la democracia.

Cajas y ayudas públicas

No hace mucho tiempo, durante una vista celebrada ante el Tribunal de Primera Instancia de las Comunidades Europeas, el letrado de la Comisión advirtió a la Sala de que la condonación de determinadas Cajas de Ahorro de parte de sus créditos en un procedimiento concursal podía constituir ayuda pública ilegal e incompatible con el Derecho comunitario. Para el representante de la Comisión, las Cajas, por la indudable influencia política a la que estaban sometidas, se desprendían de su naturaleza jurídica privada para aparecer como instrumentos de Derecho público, de tal forma que la simple quita acordada en el marco de un convenio concursal podría revestir los requisitos de una ayuda pública contraria al art. 87 del Tratado. El Tribunal de Luxemburgo, al tratarse de una cuestión nueva, desestimó el planteamiento de la Comisión. Pero tomó nota.

Las suspicacias de la Comisión se repitieron hace algunos meses con motivo de la anunciada privatización de algunos de los astilleros públicos que formaron parte de Izar. El anuncio de la intervención económica de algunas Cajas de Ahorro en el proceso de privatización de los astilleros desligados de la actual Navantia, provocó, otra vez, las suspicacias de la Comisión de la U.E., que no dudó en afirmar que cualquier participación de las Cajas en el capital de las empresas participadas podría revestir la condición de ayuda pública ilegal e incompatible con el mercado común.

Ayer, el Vicepresidente Pedro Solbes, antiguo Vicepresidente de la Comisión y Comisario de Asuntos Económicos, alertó de los eventuales problemas a los que podría enfrentarse “La Caixa” en su intención de sacar a Bolsa su cartera empresarial. Solbes –que tras la salida de Sebastián parece recobrar su espíritu comunitario, tan olvidado durante el proceso de la OPA a Endesa- advirtió de que esta salida a Bolsa podría revestir la forma de una ayuda pública que, sinceramente, no se deduce a simple vista de la operación propuesta por La Caixa. La apertura de un holding –en este caso, propiedad de la Caja- a los inversores privados en un 25% inicial no puede revestir nunca la condición de ayuda pública, sencillamente porque el inversor que acude en el mercado bursátil a estas ofertas es mayoritariamente privado. Más bien podríamos estar ante una actuación que por su sometimiento a las reglas de mercado y al criterio del inversor privado podría suavizar los recelos de la Comisión respecto de determinadas actuaciones de las Cajas de Ahorro españolas.

Cuestión distinta es que tras esta actuación de La Caixa se encuentre una decidida voluntad de captar fondos en el mercado que libere a las Cajas de la emisión de cuotas participativas sin derecho a voto y de la obligación de someterse a las normas de transparencia y buen gobierno.

El triunfo de la ilusión

Podrá parecer hoy mentira pero a principios de los setenta en Sierra Nevada no había colas. Las pistas de Borreguiles y del Veleta estaban vacías y los españoles eramos minoría en la estación de esquí enclavada en Pradollano, término de Monachil, desde la que se podía contemplar una sierra entonces sólo ´rota` por una docena de edificios, incluído el bar Sherpa, la tienda del Oso Blanco, el Hotel Sol y Nieve y, más arriba, el Parador y una residencia universitaria. Recuerdo también a dos perros de raza San Bernardo que daban a la Estación un ambiente alpino y que nos servían a los niños como compañeros de juegos en las tardes de ventisca. Los recuerdos me llevan a evocar un verdadero paraíso al que me llevaban mis padres aprovechando las vacaciones de Semana Santa, Feria y Navidad, en un viaje a Granada en coche –con los "zancos" en la baca, que así le llamaban muchos a los esquís- que parecía interminable y que culminaba con una subida a Pradollano no exenta de peligro en los días de nieve.

El esquí era entonces un deporte de minorías, exótico por desconocido, que a la sierra sólo se iba a tirar bolas de nieve. Por eso nadie se podía imaginar que un joven español se impusiera en una Olimpiada de Invierno a los austriacos, italianos o alemanes acostumbrados a monopolizar el medallero. Tengo grabada a fuego en la memoria la segunda manga de Paquito Fernández Ochoa en la prueba de eslalon de Sapporo 72, evitando los obstáculos en una valiente carrera contra el reloj y contra adversarios –los hermanos Gustavo y Rolando Thoeni- que nunca contaron con que un español les robara el primer puesto en la primera manga y la gloria en la segunda. No fue un milagro; fue el triunfo de una ilusión a la que no le hacían falta ni planes ADO ni más centro de alto rendimiento que la casa familiar en Cercedilla. Recuerdo a Fernández Ochoa recibiendo la medalla de oro, escuchando el himno, con la capa española y el sombrero cordobés con los que desfilaron la escasa media docena de atletas españoles en la ceremonia de apertura y, sobre todo, no puedo olvidar el orgullo que me produjo la llamada de mis abuelos alemanes felicitando por el inesperado éxito del campeón.

En la temporada del 72, tras el triunfo de Paquito Fernández Ochoa, las pistas de Sierra Nevada pasaron a estar más concurridas y su ´mono`de esquí fue el más vendido. La Estación empezó a crecer y el deporte del esquí dejó de ser minoritario, como el tenis también dejó de serlo con los éxitos de Santana y Orantes, y el golf con el triunfo de Severiano en el British Open. Gente humilde, gente grande en el deporte y en la vida.

Paquito, ídolo de mi juventud, se ha ido con la misma elegancia con la que se deslizó por las pistas de Sapporo en una tarde de Febrero de 1972.

La parte contratante

El Tribunal Constitucional alemán ha dictado sentencia desestimando la solicitud de Berlin para seguir recibiendo ayudas financieras del Gobierno y de los estados federales. Afirma el prestigioso Tribunal de Karlsruhe que el principio de solidaridad económico interterritorial establecido en la Ley Fundamental alemana tiene sus límites, sin que los estados estén obligados a sanear las cuentas de aquellos que incurren continuamente en pérdidas por no querer poner coto al excesivo endeudamiento. Los estados federales "pagadores" han acogido con indisimulada satisfacción el veredicto por ver en él una fórmula necesaria para meter en cintura a quienes incumplen sistemáticamente las previsiones presupuestarias para confiar después en las ayudas de saneamiento de terceros. "Quien se endeuda, paga", es lo que viene a sentenciar el Tribunal Constitucional alemán como aviso a navegantes.

Mientras tanto, en la Comisión Constitucional del Congreso, se discute el proyecto de reforma del Estatuto andaluz. La propuesta de reforma salida del Parlamento andaluz entre aplausos de quienes después la calificaron de ´brindis al sol` ha quedado desfigurada a golpe de enmiendas que afectan a más de la mitad del articulado y que, por responder a fórmulas de compromiso, empeoran la de por si escasa calidad técnica del texto (esta memez políticamente correcta de evitar eso del "lenguaje sexista" convierte su texto en un fárrago; alguien debería proponer la edición de una versión del futuro Estatuto adaptada a la Gramática de la Lengua Española). Tanta enmienda descubre el juego político al que se sometió a este texto en sede parlamentaria regional; no se merecían ni el Estatuto ni los andaluces que sus promotores sometieran una norma de esta importancia a intolerables escaramuzas de política baja y claro interés partidista.

Este continuo manoseo del texto estatutario recuerda a la escena de Marx (Groucho) en Una noche en la Ópera: "La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?".
-"Andalucía es una realidad nacional en el marco de la indisoluble unidad de la Nación española. ¿Qué, a que le gusta más ahora?"
- No, eso no está bien. Quisiera volver a oirlo.
- Andalucía es una realidad nacional en el marco de la indisoluble unidad de la Nación española.
- Ahora suena mejor, pero no acabo de convencerme.
- Si quiere se lo leo otra vez.
- Sólo la primera parte.
- ¿Lo de la indisoluble unidad o la parte de la realidad nacional?
- ¿Y si lo vinculamos a la Asamblea de Ronda?
- ¿Pero qué parte? ¿La de la realidad nacional?

Más allá del G-8

En unas recientes declaraciones al Corriere della Sera, Rodríguez Zapatero ha anunciado con la acostumbrada solemnidad que no está interesado en solicitar el ingreso de España en el G8, foro que reúne a los líderes de los países más poderosos e influyentes del mundo y que fue durante muchos años objeto de deseo de González y Aznar (suficiente razón -la de esta coincidencia- para que Zapatero diga no).

Da por hecho el Presidente que España (todavía) reúne las condiciones para formar parte de este foro extraoficial, al haber superado su economía a la de Canadá, pero con desdén rechaza formar parte de lo que en su fuero interno considera un desagradable instrumento de poder, alegando como principales razones que "ocho países son pocos", que "hoy el mundo necesite mirar más allá del G8 para afrontar los grandes problemas" y que "estamos tranquilos donde estamos". ¿Y dónde estamos, al parecer, tan tranquilos?

Aunque Rodríguez Zapatero no diga qué es lo que hay más allá del G8 el lector podrá imaginar la difusa silueta –más bien, fantasmagórica- de la Alianza de Civilizaciones, pendiente a la fecha de concretar su definición pese al millón de dólares cobrado ya por Naciones Unidas para tal fin. Es evidente que una pintoresca política exterior repleta de guiños a regímenes totalitarios –el último aplauso a los experimentos nucleares de Ahmadineyad todavía resuena- no casa con la rigidez demostrada por los componentes del G8, incluída Rusia. Pero, ¿es realmente decisión de Rodríguez Zapatero el que España entre o no en el G8?

El G8 se ha convertido en un lavadero de conciencias de los ocho países más poderosos del mundo y de la UE. Quien siga las declaraciones que se realizan tras sus cumbres anuales –la última, en San Petersburgo- podrá comprobar cómo la atención está dirigida a la no proliferación de armas nucleares, la educación, el fenómeno de la inmigración, la lucha contra las enfermedades infecciosas, la seguridad internacional –incluída la lucha contra el terrorismo internacional- y el calentamiento de la tierra, materias en su gran mayoría de marcado ámbito social y medioambiental, muy del gusto del Presidente (sobre todo por su carácter no vinculante), que en la entrevista al Corriere define a la izquierda moderna como "defensora de las inversiones extranjeras y no proteccionista" (y yo sin saber que Mariano Rajoy es de izquierdas).

A la vista del contenido de la agenda de las reuniones del G8 no atisbo incompatibilidad que descarte la presencia del Presidente en sus reuniones, circunstancia que me obliga a optar por atribuir nuestra ausencia del G8 a la expresa oposición de alguno o algunos de sus actuales miembros más que a la opinión contraria de Zapatero por existir un <> del G8 que sólo cabe en su imaginación.

domingo, octubre 08, 2006

El asalto a Bruselas (y II)



Imponer al Estado como "determinante" una posición cuando la materia discutida en Bruselas afecte a sus competencias exclusivas conlleva confundir los intereses particulares con los generales, haciendo prevalecer los primeros sobre éstos. La cuestión, llevada a sus últimos términos, no es baladí. Si la aprobación de un Tratado como el que establece una Constitución para Europa implica una cesión de competencias a la UE que, a su vez, son competencias exclusivas de las Comunidades Autónomas, ¿tienen éstas la decisión final, "determinante", a la hora de aceptar el texto comunitario? ¿Y si una de las Comunidades no lo acepta? ¿En qué medida afectan los nuevos Estatutos al ius contrahendi del Estado?

En esta misma línea de prepotencia –producto quizá de la ignorancia, pero heredada directamente del Estatuto catalán- la proposición de reforma estatutaria andaluza establece en su art. 228 un deseo, aspiración o sueño con carácter imperativo: "Andalucía participará en los procesos de decisión en las instituciones de la Unión Europea directamente o a través de la representación del Estado".

Eso de que Andalucía participe en los procesos de decisión de los organismos comunitarios "directamente" puede causar hilaridad en Bruselas. Sencillamente imposible, con la excepción del Comité de las Regiones (de las regiones, no de las realidades nacionales) cuyas decisiones, ya se ha dicho antes, no tienen carácter vinculante. Pero, en cualquier caso, cuando se advierte en el precepto de que la participación también puede realizarse a través de la representación del Estado se está infringiendo una competencia que sólo corresponde al Estado. ¿En qué medida no se está suplantando al Estado en el desarrollo de su política y acción exterior? En este sentido, se aparta de la línea constitucional la posibilidad contemplada en la proposición de reforma en relación con la participación de la Junta ante el Consejo de Ministros y los órganos consultivos y preparatorios del Consejo y la Comisión. En suma, la infracción del art. 149.1.3º de la CE se nos antoja evidente en este clara apropiación de competencias que corresponden al Estado, sin perjuicio de denunciar también la violación del Tratado, porque la Unión Europea sólo reconoce status, legitimación o capacidad de representación al Estado miembro, no a sus entes menores. En suma, podríamos estar también ante una violación del Tratado en esta suplantación por comunidades autónomas de la capacidad de representación que sólo corresponde al Estado. En esta línea, también choca con las competencias exclusivas del Estado la designación por la Junta de miembros en la representación permanente de España cerca de la UE (¿y por qué no embajadores?, al fin y al cabo lo que se pretende es dar un status diplomático al representante autonómico). En cualquier caso esta designación nunca puede venir impuesta por un Estatuto de autonomía. Repito, estamos ante una voluntad deliberada de trocar los intereses generales por intereses particulares. El problema es que –salvo inesperada reacción del Tribunal Constitucional- el Estatuto catalán refleja ya esta misma posición.

Que la Junta de Andalucía tenga <> en la Unión Europea es muy legítimo, de hecho ya la tiene desde hace años. Lo que sería menester es que esa oficina andaluza se convirtiera, dotándola de los medios necesarios, en una eficiente sede que canalizara los intereses de Andalucía en Bruselas. A tal efecto, debería servir de ejemplo la representación bávara ante la UE, tan eficiente en la defensa de los intereses del Estado Libre de Baviera que ha llegado incluso a servir de ejemplo de lo que debe ser un verdadero lobby. Y si no se consigue, al menos deberían evitarse las celebraciones del 28-F organizadas por la oficina andaluza. La última, en la Grand Place, fue todo un ejemplo de lo que no debe hacerse.

Pero, de ahí a "tener acceso" al Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas media un abismo. El art. 234 pretende otro imposible: que la Junta de Andalucía tenga legitimación para interponer recursos ante el Tribunal de Justicia, es decir, algo contrario a lo que establece el Tratado que sólo otorga esa legitimación a los Estados miembros. Así se explica que el legislador autonómico haya tenido la precaución de supeditar el acceso de la Junta al TJCE a la legislación comunitaria, pero si ésta impide el acceso, ¿para qué regularlo?

En resumen, es legítimo el regular la participación de las Comunidades Autónomas en el proceso de formación de la voluntad del Estado ante los organismos europeos (fase ascendente) y en la ejecución y desarrollo de las normas comunitarias dentro del ámbito territorial correspondiente. Pero esta participación no puede llegar jamás a imponer al Estado una posición determinada, a romper el principio de cooperación entre las Comunidades Autónomas, a definir desde la bilateralidad el marco de relaciones con el Estado en el proceso de formación de su voluntad y a imponérsela con carácter "determinante" en aquellas materias para las que la Comunidad Autónoma tenga competencia exclusiva.

Sería deseable que la Comisión constitucional del Congreso de los Diputados limara las cuestiones a las que se ha hecho mención, para adecuar el texto a la Constitución y a la normativa comunitaria. Desgraciadamente, los excesos cometidos por el legislador andaluz tiene todos inspiración catalana y el texto estatutario catalán ha pasado el trámite parlamentario con los defectos denunciados.

sábado, septiembre 16, 2006

El asalto a Bruselas (I)



La proposición de reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía incorpora a su Título IX (Relaciones Institucionales de la Comunidad Autónoma) un Capítulo, el III, dedicado a regular las relaciones de la Comunidad con las instituciones de la Unión Europea. Como establece el precepto con el que se inicia este Capítulo, "Las relaciones de la Comunidad Autónoma de Andalucía con las instituciones de la Unión Europea se regirán por lo dispuesto en el presente Estatuto y en el marco de lo que establezca la legislación del Estado" (art. 226).

El precepto transcrito, no se encuentra –curiosamente- en el texto autonómico catalán, en el que, por otro lado, se “inspira” el legislador andaluz. Prácticamente, es este el único artículo de este Capítulo que no tiene acogida en el texto catalán y tal vez sea ese el motivo que lleva al legislador andaluz a cometer un gravísimo error de concepto. Sencillamente, un estatuto autonómico no puede regular las relaciones con las instituciones de la UE porque éstas nunca pueden sentirse vinculadas por una norma menor. El legislador peca, bien de ignorancia en la jerarquía normativa, o bien de soberbia, intentando imponer un marco de relaciones a instituciones europeas sobre la base de un principio de bilateralidad que, efectivamente, impone con éxito al propio Estado pero que no le dará resultado con la UE (para ello tendría que modificarse el propio Tratado constitutivo).

En consecuencia, no es que el precepto sea sólo inconstitucional; es que es de imposible aplicación. La UE jamás se sentirá vinculada por un marco de relaciones impuesto por quien no es interlocutor válido ante sus instituciones.

Pero el legislador autonómico persevera en su voluntad de imponer su decisión al Estado y, en ese sentido, articula un régimen de "participación en la voluntad del Estado" que excede del marco constitucional. La cuestión es que el Estado, en sus relaciones con la UE, se convierta en mero portavoz de la Comunidad Autónoma, esto es, que defienda intereses particulares y no los generales que tiene encomendados. En este sentido, el art. 227 de la proposición de reforma establece que la Comunidad Autónoma participará en la formación de la posición del Estado en "los asuntos relativos a las competencias o a los intereses de Andalucía". La apelación a los "intereses de Andalucía" es, a mi modo de ver, demasiado amplia y obligará –de no ser modificada- a que la Junta se tenga que pronunciar –o pueda influir- en todas las cuestiones que se ventilen ante las instancias comunitarias, porque no encuentro ahora mismo ninguna que no deje ser del interés de Andalucía. ¿Qué es lo que no le afecta o no le interesa a Andalucía?

La experiencia alemana demuestra que la participación de los Länder en el proceso de formación de la voluntad del Bund suele ser más un lastre en la defensa de los intereses generales que una virtud. Quien conozca el sistema de negociación en las instituciones comunitarias sabe perfectamente que las posiciones iniciales de los Estados miembros, por muy consensuadas que estén, suelen quedar desfiguradas en el largo camino de la negociación. El ministro de turno no puede convertirse durante el proceso negociador en rehén de su propio equipo negociador compuesto por diecisiete "expertos" representantes, a su vez, de opiniones no siempre coincidentes. Por eso, para evitar que la fijación de la posición negociadora y la propia negociación se convirtiera en una incómoda "olla de grillos" el proceso de reforma constitucional alemán ha otorgado al Estado central el poder para la defensa de los intereses generales, desmontando el complejísimo sistema de participación de los Länder que, como se sabe, han coincidido en la necesidad de que sea el Bund quien defienda el interés general.

Claro está que para que en Alemania se haya procedido –con esa reforma constitucional- a la alteración de un complejo sistema de participación para decantarse definitivamente por el Estadio central para la mejor defensa de los intereses, ha sido necesario que transcurran más de cuarenta años desde el conocido Pacto de Lindau, que fue el primero que reguló el rol de los Länder en la formación de la voluntad del Estado. Nosotros tenemos todavía ese camino por delante, a sabiendas de que es el equivocado. Pero, realmente, el verdadero problema está en que a diferencia de Alemania –donde juega y se respeta el principio de lealtad federal, la "Bundestreue" en España el poder de las autonomías se ha utilizado desgraciadamente en muchas ocasiones para minar al poder central (la denominada "política de confrontación" que a los andaluces nos debe sonar y sobre la que se hicieron descansar muchas decisiones autonómicas que no favorecían el interés andaluz pero si una concreta política de partido).

El recelo puesto antes de manifiesto se convierte en un problema seguro al analizar el segundo apartado del art. 227. Ahí, el legislador impone la participación de la Comunidad Autónoma en la formación del Estado "en los asuntos que le afectan exclusivamente". La participación obligada se articula desde la bilateralidad, rompiendo así el principio de cooperación impuesto en la normativa actualmente vigente en esta materia (Acuerdos de 9 de diciembre de 2004 de la Conferencia para Asuntos relacionados con las Comunidades Europeas).

Pero el problema aparece cuando el legislador autonómico, además de imponer su participación al Estado en el marco de la bilateralidad, establece el alcance y efectos de esta participación afirmando que "la posición expresada por la Comunidad Autónoma es determinante de la posición estatal si afecta a sus competencias exclusivas...". Es decir, que la bilateralidad se convierte en unilateralidad cuando la Comunidad Autónoma tiene, además, la facultad de imponer al Estado una determinada posición con carácter "determinante". ¿Y si una determinada cuestión afecta a las competencias exclusivas de las diecisiete comunidades autónomas? ¿Qué posición prevalecerá sobre las otras? ¿Cuál de las Comunidades determinará la posición del Estado?

Por la izquierda


Hace ahora diez meses el joven David Cameron –cuarenta años cumplirá en octubre- deslumbró en la Convención del Partido Conservador británico celebrada en Blackpool. Los tories, después de más de nueve años en la oposición y tras el liderazgo de William Hague, Ian Duncan-Smith y Michael Howard –todos eclipsados por la buena estrella de Blair-, encontraban su líder y, a medio plazo, su candidato a presentar batalla electoral al presumible sucesor de Blair, el ministro Gordon Brown.

Pero, en pocos meses tras la toma de las riendas conservadoras, Cameron ha logrado con frescura y astucia eclipsar la buena estrella de Blair. El paso del tiempo –nueve años en el poder- oscurece a los más brillantes astros y en las filas del laborismo se ha desencadenado una batalla por la inmediata sucesión, en la que la sólida política de oposición de Cameron mucho tiene que ver. La impaciencia de Brown por ocupar el 10 de Downing Street –ya lo hace como precarista- y el apoyo del ala izquierda del partido al inmediato cambio en la persona del Premier, están dejando las filas de la izquierda británica en una situación de desunión que afecta a la ejecución de las cada días más agotadas e impopulares políticas de gobierno. La descomposición interna laborista es una de las claves de la popularidad de Cameron y de sus brillantes expectativas electorales. Pero no es esa la única explicación del ascenso tory.

Cameron, en diez vertiginosos meses de oposición, ha conseguido generar esperanza con una política social, centrada en la flexibilización de las condiciones de trabajo (General Well Being agenda) y la mejora de la educación y del sistema sanitario, con medidas que pasan por la izquierda del propio laborismo. En su política exterior, no tiene reparos en criticar abiertamente la actuación británica –y norteamericana- en Afganistán e Iraq, causa también de la pérdida de popularidad de Blair. Cameron justifica la presencia militar y los estrechos vínculos con los EEUU, pero en su crítica se muestra como un conservador-liberal y no como un alocado neocon. Al mismo tiempo, atrae la simpatía de los sectores más centristas del laborismo cuando condena la defensa que su propio partido hizo del apartheid -tan defendido por Thatcher- en presencia de Mandela. Y en política económica mantiene las esencias liberales criticando el excesivo intervencionismo laborista, el aumento del endeudamiento, la política fiscal y el cada vez más notorio incremento del desempleo.

Cameron se sirve de las recetas de la izquierda para ganar a ese laborismo que cuando se perpetúa en el poder pierde su cacareado "progresismo" para cometer los mismos errores que atribuye injustificadamente a la derecha. Que tomen nota todos los aspirantes a suceder a gobiernos de izquierda.