domingo, octubre 19, 2008

Andalucia, año cero



Dicen los políticos que las derrotas electorales pueden ser dulces, pero los fracasos son siempre agrios, aunque al victorioso se le quede cara de Milosevic y el derrotado comparezca rejuvencido ante las cámaras de la televisión del régimen, ésa que corta la emisión en la noche electoral cuando el escrutíneo no le resulta favorable al amo y despide una vergonzosa emisión a las 01.45 con la noticia de que el PP ha alcanzado los 47 diputados. ¡Qué necesaria es la regeneración de un medio público pesebrista, de ´profesionales` que se han convertido en miembros de un vergonzoso aparatchik que no duda en llamar como intérpretes de la voluntad política andaluza a quienes en su día acompañaron al líder de la oposición en sus aventuras políticas y que hoy pastan, pastueños, en rosados valles. ¡Qué vergüenza, y maldita la memoria de quienes nos acordamos de aquéllos que cuando los tiempos eran difíciles -lo siguen siendo- prefirieron abrazar la comodidad del colaboracionismo! ¡Qué necesaria la existencia de un partido, cualquiera que sea su orientación, capaz de nivelar el desequilibrio de un sistema que, en su decidida voluntad de mangonear, se aleja de los principios democráticos!

Andalucía afronta ahora, en su octava legislatura, un período de dificultades que seguro no se le escapa a los vencedores. La manguera de los fondos comunitarios riega, año a año, la Europa del Este; el ingreso en la UE de los nuevos miembros –más pobres- sube los índices comunitarios: no dejaremos de ser objetivo 1 en el 2013, esto es, región de las más pobres, por méritos propios sino por la sencilla razón de que quienes entran en el ´club` son todavía más pobres que nosotros. Se han desperdiciado décadas de multimillonaria subvención europea en inversiones de imposible rentabilidad. Andalucía no ha despegado; ésa es la realidad, la que refleja Eurostat en sus informes mensuales, y no la que los vencedores nos pretenden vender ahora diciéndonos que nos van a llevar al pelotón de cabeza. Un resfriado en Madrid será para Andalucía una grave enfermedad si, además, persiste la voluntad de algunos (socialistas) de quebrar el principio constitucional de solidaridad económica. No habrá quien pueda equilibrar el presupuesto de Andalucía cuando desaparezcan esos fondos.

La oposición debe hacer valer ya, sin demora, los necesarios principios de regeneración democrática en Andalucía. No se puede participar, si no se produce el necesario cambio, en secuestrados medios públicos de comunicación, ni en cajas de ahorro que piden a gritos una inmedita profesionalización, con urgente salida de aquellos políticos que pretenden desviar su responsabilidad a los profesionales que siguieron sus órdenes. Al PP se le exige, lisa y llanamente, que no forme parte del régimen.

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