Hay quienes a falta de razones convierten la política en un continuo pimpampum sin más sentido que el de crear ficticios enfrentamientos para tapar todo lo que no se ha hecho o, sencillamente, se ha hecho mal. En este juego de derribos le ha tocado el turno, otra vez, a la Conferencia Episcopal, víctima propiciatoria en época preelectoral y carnavalesca. Las orientaciones dirigidas por los Obispos a los católicos ante las elecciones generales del 9 de marzo han provocado la ira del Gobierno, y la lluvia de insultos, descalificaciones y provocaciones a la jerarquía eclesiástica española no ha cesado, sin duda porque los promotores de la gresca ven en ella un indudable filón electoral a costa, claro está, de devaluar una libertad de expresión que en España está sufriendo ahora más que nunca.
La última aportación intelectual al discurso papal de Ratisbona la ha protagonizado la secretaria federal de Igualdad del PSOE con una de estas perlas que Caraballo y Caro recogen en su ´lapidario bobo`. Para la secretaria federal, la Conferencia Episcopal debería aplicar los principios de paridad de la Ley de Igualdad –a la que ella tanto debe- y, cito literalmente, "sacar a las monjas de los conventos de clausura para incluirlas en la jerarquía" (la eclesiástica, imagino), todo ello con el ánimo de que las monjas puedan "compartir el poder en igualdad de condiciones que los hombres". L´onorevole Peppone no lo hubiera hecho mejor.
Otros, desde las mismas filas, han preferido manifestar su ´sorpresa` por el contenido de la nota de la Conferencia Episcopal. Después de leerla con atención no sé de qué se sorprenden. La nota no añade nada nuevo a lo que la Conferencia Episcopal viene manteniendo desde las Orientaciones morales de noviembre de 2006. ´Sorpresa` hubiera sido que la jerarquía eclesiástica española se pronunciara ahora a favor de la eutanasia, del matrimonio homosexual o de la educación para la ciudadanía en la muy deteriorada escuela pública; es evidente que hay una brecha importante en la concepción que cada uno tiene de lo que debe ser una correcta política social. Mientras tanto, detrás de la cortina de humo, el paro se le dispara al Gobierno y la política social de verdad hace aguas.
Hay un párrafo en la nota que encierra el verdadero problema. Dice ésta que <

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