sábado, noviembre 22, 2008

Seguridad jurídica




En un acto sobre la internacionalización de la marca "España", celebrado la pasada semana en Boadilla del Monte, algunos empresarios advirtieron al ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, de la preocupación del mundo de la empresa por la proliferación de normas autonómicas que está provocando, a su vez, una fragmentación del mercado. También la semana pasada, en Barcelona, los empresarios pertenecientes al Círculo de Economía afrontaron el mismo problema en la reunión mantenida con el presidente del Gobierno, al que solicitaron tímidamente una "menor burocracia", eufemismo tras el que se esconde el anhelo de algunos por unificar una normativa hoy dispersa a consecuencia de la fecunda actividad del legislador autonómico.

Y tan prolífica es la labor legisladora de los parlamentos autonómicos como en muchas ocasiones amenazadora de la seguridad jurídica. Tras treinta años de actividad legislativa se ha originado en muchas materias una normativa fragmentada, distinta según la comunidad autónoma autora de la norma. La deseada uniformidad, garante de la seguridad jurídica, se ha trocado en una multiplicidad de regulaciones, tantas como entes autonómicos existen, dándose la paradoja de que un mismo Estado (autonómico) promueve en los órganos supranacionales la uniformidad y armonización del derecho para facilitar la libre circulación de mercancías al tiempo que en su propia casa fragmenta la normativa en diecisiete trozos, tan distintos en ocasiones como los pedazos de un espejo roto. En la UE se trabaja para lograr un derecho uniforme aplicable en veintisiete Estados y aquí nos dedicamos a centrifugarlo.

Esta diversidad normativa no está siempre justificada. Realmente es difícil explicar por qué existen tantas leyes sobre cooperativas, fundaciones, etiquetado o condiciones que deben reunir determinados productos -tantas como comunidades autónomas- ni por qué alguna comunidad se ha llegado a dotar, incluso, de su propio código civil. En ocasiones el legislador autonómico utiliza sus facultades normativas para la creación artificial de hechos diferenciales o, lo que es lo mismo, para marcar territorio, como hace el can con su meada al pié de la farola. Y de esta forma, la norma jurídica se convierte en vehículo idóneo para propiciar la desigualdad entre los ciudadanos de un mismo país.

Es evidente que toda esta promiscuidad legisladora tiene un coste y es, precisamente, el advertido ya por los empresarios: la diversidad procura inseguridad; la proliferación de normas impone trabas al comercio; las restricciones a la libre circulación de mercancías lastran los intercambios, la riqueza y, por ende, el desarrollo de un país. Todos esos ´ríos` desembocan en el mar de la desigualdad; habrá que prepararse para el tsunami.


Guerra en los fogones




En la cocina genovesa parece que abundan los chefs y escasean los pinches. El problema de la classique cuisine conservadora viene de antiguo, y es que los gurús de esta escuela culinaria, tocados por el ´don` de la inoportunidad, saben comportarse como una indómita jarca rifeña cuando la ocasión no lo requiere. En esta cocina escasea la disciplina y abunda el afán de protagonismo de algunos cocineros dispuestos a pegarle un sartenazo al jefe en cuanto se apaga la luz. Ahí está el reciente caso del desagradecido pinche, elevado a la gloria de las estrellas Michelin por obra y arte del maestro que en su día lo llevó a los fogones del Palacio del Marqués de Villamejor y ahora se ve humillado con el desprecio que públicamente le dispensa su otrora pupilo; y mientras tanto el fundador de la escuela se dedica a salpicar a todos con la queimada hirviendo.

Pero, pese a lo que afirman algunos críticos, no estamos ante un problema en la aplicación práctica de recetas, porque ya en otros tiempos el Paul Bocusse de esta escuela cocinaba al estilo payés –dicen que con mantequilla- en la intimidad que le proporcionaba la cocina de su casa (y la selecta clientela le pedía la cabeza de pinches que ahora resurgen queriendo modificar recetas). Tampoco estriba el origen de la disputa en el empleo de ciertos ingredientes ´nacionalistas`, que algunos, los detractores del discutido chef, afirman utiliza éste a discreción pese a conocer sus efectos alucinógenos. Esos mismos críticos son los que pretenden imponer, como plato único, el cocidito madrileño para todos, especialidad regional que podrá estar muy buena, pero que aquí en el Sur provoca pesadas digestiones (y no digamos en el Norte, acostumbrados como están allí a los platos deconstruidos y de dura textura; rocosa, en ocasiones).

No. Estamos simplemente ante una pugna personal por hacerse con el mando de la cocina, con la particularidad de que quienes se enfrentan al chef quieren ganar el prestigioso premio Bocusse d`Or sin presentarse al concurso y, además, se dedican a merodear por los fogones del único candidato para salarle los platos. Siempre es deseable la concurrencia, aunque sea entre maestros de la misma escuela, sobre todo cuando en el restaurante de la acera de enfrente su cocinero se frota las manos contemplando el desaguisado y su (petit) maître se cree ya el mismísimo Françoise Vatel batiendo la chantilly en el château del mismo nombre.

Abandonan desairados pinches y chefs; los platos se sirven fríos; la bebida no llega y el ruido de la cocina es insoportable. Anden con cuidado todos estos divos en sus disputas que la clientela tiene paciencia limitada: cuando menos se lo esperen no tendrán a nadie en sala.

Vuelve Camelot




Hace ahora un año quien fuera asesor de John F. Kennedy, Theodor Sorensen, sorprendió a los americanos haciendo campaña por el candidato Barack Obama. En su intervención, Ted Sorensen afirmó que Obama es el candidato más parecido a Kennedy de todos los que el Partido Demócrata había presentado a las elecciones tras la muerte de JFK. Obama se opuso a la guerra en Iraq, en opinión de Sorensen, con la misma fuerza que Kennedy se impuso para lograr la paz en el conflicto de los misiles. Obama, para Sorensen, es el líder con criterio para relanzar los EEUU, superar la crisis económica y dar confianza a sus ciudadanos.

El inesperado apoyo de Sorensen relanzó en su día la candidatura de quien ya se ve en la recta final de la nominación como candidato demócrata. Sorensen es el último superviviente de la corte presidencial de Kennedy, el más longevo caballero de Camelot, la corte presidencial, en expresión atribuida a Jackie Kennedy, que reunía en su tabla redonda a los principales asesores –los fontaneros en la jerga política española-, hombres de confianza, en suma, del fugaz presidente. Desaparecidos McNamara, Arthur Schlesinger Jr., McBundy, Rusk y el propio Bobby, todos ellos vinculados al diseño de la New Frontier y unidos por la animadversión al vicepresidente Johnson, Sorensen se ha convertido en el depositario de una serie de valores políticos muy arraigados entre los americanos, más que por los méritos del presidente Kennedy, por ese halo de gloria que en política suele otorgarse a las victoriosas carreras cuando son breves.

Obama tiene ese Kennedy appeal y sabe que la carrera hacia la Casa Blanca puede hacerse más corta cuanto más le identifiquen con JFK. La situación de hartazgo con la guerra de Iraq relanza el mensaje del cambio, el ´yes, we can` que utiliza como gancho. Obama, conocedor del estado de saturación de los ciudadanos americanos, reitera en sus discursos que estamos ante tiempos de cambio, como en 1961, una nueva etapa que necesita nuevos líderes, jóvenes, con ideas distintas, modernas. Byrd, senador por Virginia y antiguo miembro del ´Ku Klux Klan`, le ha dado su confianza; con estos apoyos es evidente que Obama tiene en el bolsillo la candidatura a las presidenciales por el Partido Demócrata.

Hace ocho meses, cuando la carrera presidencial republicana estaba plagada de candidatos, Gustavo de Arístegui me comentó que siguiera a McCain. Acertó de pleno. Los Huckabee, Graciani y Romney fueron abandonando, a medida que McCain se imponía en delegados. Pero quiero recordar también que fue Arístegui quien, con su fino olfato para la política internacional, advirtió que una pugna presidencial McCain-Obama podía resolverse a favor de este último con más facilidad que si la candidata fuera Hillary Clinton. Lo veremos.

Laicismo y libertad religiosa




La vicepresidenta del Gobierno anunció la semana pasada la intención del Ejecutivo de proceder a la revisión de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, de 5 de julio de 1980. De su intervención en la rueda de prensa en la que anunció la voluntad de modificar un texto legal no se desprenden ni las razones ni los contornos de la proyectada modificación de una norma que no ha planteado nunca problemas en su aplicación práctica, sin que exista tampoco una demanda popular que justifique el cambio legal (podría haberse acometido, de una vez, la regulación del derecho de huelga, materia huérfana de ley pese al expreso mandato constitucional; pero no, se ha preferido, reitero que por razones ignotas –aunque por inconfesadas, aún más temidas- la derogación de una ley que funciona por otra que no deja de ser una incógnita).

Y si la ley funciona, ¿por qué se cambia? Según se dice, para garantizar todavía más el derecho fundamental a la libertad religiosa, pero introduciendo en el discurso el continuo recurso a un término inquietante: el de "laicidad". El Estado, (o el partido, porque para los dogmáticos el Estado no es más que una proyección de aquél) en sus relaciones con la Iglesia, afirman algunos, debe pasar de la constitucional aconfesionalidad a la laicidad, aunque por actitudes dominantes no exentas de beligerancia temo que llamen laicidad a lo que realmente es laicismo. El momento elegido para el anuncio de esta peligrosa mudanza legal no deja de ser propicio: la Iglesia anda haciéndose cruces con las declaraciones fiscales; el partido de la oposición pulula por el limbo, camino de un purgatorio que se presume largo, y el mal momento económico requiere maniobras de distracción.

Una cosa es la laicidad que afirme y respete la legítima autonomía de las realidades terrenas, y otra, muy distinta, es la laicidad que se confunde con la exclusión de la religión de la sociedad, confinándola al ámbito de la conciencia individual. En su discurso a los juristas católicos italianos, Benedicto XVI traza la diferencia entre la "sana laicidad" y aquella que postula, intolerante, un laicismo basado en la hostilidad contra cualquier forma de relevancia política y cultural de la religión. Un ejemplo recurrente de esa expresión de laicismo: " El derecho de educación ha de estar en manos del Estado y no en las de la Iglesia o de los padres". En efecto, se trata de un postulado nacional-socialista recogido en el Mein Kampf por su conocido autor. El cardenal Pacelli se opuso también a este ´dogma` totalitario desde la nunciatura de Berlín, primero, y como Pio XII, después, con la encíclica Mit brennender Sorge. Por cierto, que el laicismo también se manifiesta en querer quitarle a Pío XII la calle que se le tiene dedicada en mi ciudad.

Memoria viva de un Presidente




En la política de nuestros días, la distancia más corta entre dos puntos es casi siempre un túnel. De ese túnel salen hoy destacados mílites sobrantes con destino a embajadas o lucrativas empresas privadas. Los presidentes se han dotado ya de sus privilegiados estatutos para cuando dejen de serlo y los diputados de a pié no podrán tampoco quejarse del trato que recibirán cuando ya no se sienten en sus parlamentos. Pero antes éso no era así.

Contaba Leopoldo Calvo Sotelo que tras ser desalojado de La Moncloa y de la política activa en 1982 quiso volver a su puesto de siempre en el grupo Hispano Urquijo. Lo recibió por la puerta de atrás quien entonces ocupaba el cargo de presidente tras la muerte de Lladó, Usera, y la conversación, descrita con fino sentido del humor por Calvo Sotelo en sus Pláticas de Familia, duró muy poco. El ex presidente pidió al banquero un despacho, una secretaria, una ocupación. Usera le despachó con el consejo de que pidiera la prejubilación en Unión Española de Explosivos. A la vista de la respuesta, Calvo Sotelo le tendió al presidente, con habilidad, una curiosa celada:

"Todos los días se aprende algo",le comentó, "y hoy he aprendido el sentido de una frase vulgar, que he oído y tal vez he dicho muchas veces, pero sin penetrar hasta hoy su largo alcance".
"¿Y qué frase es ésa?", le preguntó el banquero.
"Lo dejaron en la puta calle", respondió Calvo Sotelo caminando hacia la puerta.
"¿Adónde vas?", le inquirió Usera.
"A la calle ésa".

Y se fue a la calle. Cuenta Calvo Sotelo en el imprescindible Memoria viva de la Transición que, frustrada la reincorporación en el Hispano, puso un pequeño despacho en el centro de Madrid. Allí, a los pocos días de su salida de La Moncloa, pudo comprobar cómo ya nadie se acordaba de él; el síntoma externo más evidente de la soledad del político derrotado. Los primeros días sólo recibía la llamada de Pío Cabanillas ("estoy esperando a que ganen los míos para saber quiénes son", frase por cierto poco apropiada para el próximo congreso popular) . Pasada la primera semana, decía Calvo Sotelo, "ya no me llamaba ni Pío" .

Se ha ido el presidente del Gobierno más british. Pasó por la política de los tiempos más complejos con prudencia, honradez, sabiduría y respeto, virtudes que no se prodigan precisamente en la generación que actualmente transita por el túnel de la vida pública. Hoy, cuando la política se ha convertido en una profesión para la que, como dijo Robert L. Stevenson, no se requiere ninguna cualificación, se echan en falta a los Calvo Sotelo, Cavero, García Añoveros, Álvarez, Sahagún, Rosón y a tantos otros que supieron renunciar a tantas comodidades para navegar, en una época de incertidumbre, por el "ruidoso mar de la libertad".

Juzgados de lo mercantil




Los juzgados de lo mercantil fueron creados por Ley Orgánica de 9 de julio de 2003. Se trata de juzgados especializados dentro del orden jurisdiccional civil, producto del Pacto para la reforma de la Justicia de 28 de mayo de 2001. Su creación respondió a la necesidad de dar respuesta a la Ley Concursal y a la conveniencia de avanzar en el proceso de especialización de los tribunales para dar la oportuna respuesta a la demanda que procura la compleja realidad social y económica de nuestro tiempo. En parecidos términos se pronuncia la Exposición de Motivos de la Ley Orgánica que los creó, reitero, con la voluntad de avanzar en el proceso de modernización y especialización de la Justicia.

Si loables fueron los motivos que el legislador tuvo en cuenta para crear estos juzgados especializados, la realidad demuestra que, a los pocos años de su creación, los Juzgados de lo mercantil se encuentran en una situación difícil, producto de un mal endémico, patología que algunos consideran irresoluble, basada en una carencia de medios materiales y humanos que hace lenta a la justicia; y una justicia lenta no es justicia. Los jueces necesitan para el mejor desarrollo de su labor más medios, mayor atención, más ayuda, y las distintas administraciones con competencia en estas materias tienen la obligación de prestar el auxilio para procurar el normal funcionamiento de la institución. A menudo me planteo si no es, precisamente, esa compleja confluencia competencial de distintas administraciones –otra muestra del Estado menguante que denuncia con acierto el profesor Sosa Wagner- una de las causas del mal que aqueja al sistema judicial, que no se paliará con la creación de esos "consejillos" autonómicos del poder judicial que se anuncian como panacea en los nuevos estatutos de autonomía. Cuando se producen las disfunciones, las administraciones "competentes" no tardan en imputar a los jueces la culpa; pero son ellas quienes, desde la autocomplacencia que procura la dejación de funciones, están causando el mal.

Sin perjuicio de la importancia de esas carencias –que no dejan de ser llamativas en unos juzgados creados hace pocos años- son también los concursos de acreedores los que están llevando a los juzgados de lo mercantil a una situación cercana al colapso. A la carencia de medios se le une la complejidad de la situación económica –califíquenla como crisis, recesión o desaceleración, a riesgo de que les llamen antipatriotas- que convierte a los juzgados de lo mercantil en termómetros o medidores de la realidad económica nacional, y hace todavía más urgente el auxilio. Decía el profesor Olivencia Ruiz en sus clases que "cuando media España está en suspensión de pagos, la otra media está en suspensión de cobros". Y ésto no ha hecho más que empezar.

Enemigos y adevrsarios



No conozco en los partidos de centro-derecha europeos que a un candidato se le otorgue por tercera vez, tras dos derrotas electorales consecutivas, otra oportunidad –la tercera- para medirse con quien le ha derrotado en las urnas. En Alemania, Merkel hubo de esperar pacientemente su turno –y el descalabro previo del bávaro Stoiber frente a Schröder por un puñado de votos- para optar con éxito a la cancillería. Sarcozy difícilmente hubiera tenido una segunda oportunidad, y de haber perdido las elecciones frente a la Royal estaría ahora envuelto en ese turbio affaire <>, trampa que al parecer le tendieron sus ´correligionarios` de la derecha. En el Reino Unido, si no aprovecha su primera oportunidad, David Cameron pasará al cementerio político en el que reposan los Hague, Smith y Howard – caídos todos por Tony Blair-; su carrera política depende del resultado de la contienda electoral que le enfrentará a Gordon Brown.

Pero en España la situación del partido de centro-derecha es bien distinta. Los candidatos no se suceden; permancen hasta la victoria final en una actitud con la que esa formación política no demuestra más que su propia debilidad. Mal hará Esperanza Aguirre si no se presenta al Congreso Nacional que los populares celebrarán en junio, aunque sólo sea para la más que ingrata tarea de perderlo. El debate no es de ideas; es de personas, y no estaría de más que la presidenta de la Comunidad de Madrid se postulase abiertamente, sin más amagos ni requiebros, como recambio de Rajoy. Así se procedería en la gran mayoría de los partidos de derecha europeos, con absoluta normalidad, sin los aspavientos ni recelos que provoca aquí la aparición de una posible candidata a la jefatura del partido . Sin lugar a dudas, un Congreso ´a la búlgara` significará cerrar en falso una crisis de partido y no alejará ni mucho menos el fantasma de la UCD que procura hoy sombra y amenaza al PP.

Aguirre, o la colera de Rajoy. Bien hubiera hecho Rajoy en animar a la presidenta para que presentara su candidatura al Congreso Nacional. Pero su desafortunada intervención en Elche mostró el lado más oscuro de la derecha: el de la exclusión, al más puro estilo de quienes despacharon en su día a Rosa Díez. Y bien haría mi admirada Esperanza si alejara de su entorno a quienes de Andalucía sólo conocen los campos de golf y pantalanes de Sotogrande; así no se ganan compromisarios. Cuentan que Melquíades Álvarez interpeló en el Congreso al conde de Romanones: "¿Sabe Su Señoría que haría Gladstone en su lugar?". Romanones, señalando los escaños que ocupaban los miembros de su partido dijo por lo bajo: "Ya me gustaría a mí ver a Gladstone con esta gentecita". Lo dicho: el Partido Popular nacional no es una prolongación del barrio de Salamanca.

Italia


En El tercer hombre (1949) , mientras gira la noria del Prater, Harry Lime (Orson Welles) le dice a su amigo Holly Martins (Joe Cotten) una sentencia que no estaba en el guión de Graham Greene y que procede del ingenio de Welles: "en treinta años con los Borgia, en Italia se padecieron guerras, terror, derramamientos de sangre y asesinatos; pero tuvieron a Miguel Ángel, a Leonardo da Vinci, al Renacimiento. En Suiza tienen desde siempre amor fraternal, y tras quinientos años de democracia y paz…¿qué es lo que han producido? El reloj de cuco". Sin saber todavía por qué, la conocida frase me rondó este fin de semana mientras seguía con interés el desarrollo de la jornada electoral en Italia.

Berlusconi ha vuelto, y lo ha hecho rompiendo todos los pronósticos de reputados politólogos (Dios nos guarde) que le daban una mayoría insuficiente para gobernar. Los resultados demuestran que los italianos han devuelto su confianza a ´Il Cavalieri`, con una mayoría absoluta en el Senado y una mayoría más que suficiente en el Congreso como para dar al país una estabilidad que la ingobernable coalición de izquierdas ha sido incapaz de proporcionar a Italia en los dos años de Prodi.¡Qué no habrá hecho esa coalición heterogénea de partidos de izquierda para proporcionarle al septuagenario Berlusconi una victoria de las que, de verdad, puede decirse que es histórica! Está visto que, en las democracias mediterráneas unos electores tienen más paciencia que otros (o unos candidatos tienen más medios de comunicación que el resto; algo tendrá que ver ese uso, a veces, más bien, abuso de los medios de comunicación en los resultados electorales).

Veltroni –una mezcla imposible entre Berlinguer, Kennedy y Obama- ha hecho una campaña ejemplar. Desde una posición siempre respetuosa, eludiendo la confrontación directa, ha sabido captar el voto del centro-izquierda, dejando a la extrema izquierda con los peores resultados de la historia. Tal vez esté en su moderación –y en el desastre económico heredado del gobierno de ´Il Professore` Prodi- la causa de su derrota y el motivo que me llevó a evocar este fin de semana la frase de Welles. Berlusconi, en su histrionismo –las cumbres europeas volverán con él a su mejor época-, se ha pasado las elecciones aconsejando a jovencitas que se casen con millonarios si quieren mejorar su futuro, paseándose con un artificial harén por su villa de Cerdeña, agriando la campaña con durísimas acusaciones a su contricante y prometiendo aquello que le resultará muy difícil de cumplir, tanto por la falta de apego a la realidad de las muchas promesas vertidas durante la campaña como por la incomodidad propia de sus socios en este viaje, y me refiero a la gran vencedora de estas elecciones: la xenófoba, separatista e insolidaria Liga Norte.

domingo, octubre 19, 2008

El porteador afgano

Cuenta la crónica de Mónica Bernabé aparecida en la edición de EL MUNDO de ayer que el representante de una empresa de logística, Dastgir Khan, pasó diez días en una cárcel por haber transportado dos de sus camiones una carga compuesta, exclusivamente, por bebidas alcohólicas que tenían como destino la base militar española de Qala-e-Now. La partida descubierta por la policía afgana estaba compuesta por vinos, cervezas, ponches y otras bebidas espirituosas valoradas en más de 70.000€ (¡!) que, después de haber sido decomisada por la autoridad, ha desaparecido como por arte de magia. Vanas han sido las múltiples reclamaciones del mando español a las autoridades afganas para la devolución de la carga; según el castigado transportista fue la propia policía afgana la que, nada más interceptar los camiones, procedió al desvalijo. Lo ví con mis propios ojos, aseguró Khan, consolándose así con el hecho probado de que otros también infringen la sharia.

La sharia prohíbe a los musulmanes el consumo de alcohol, y no solo su consumo, también su manipulación o transporte. En Afganistán la prohibición se ha relajado con la presencia de tropas internacionales, pero la ley islámica, más tolerante con los infieles, es estricta a la hora de establecer una prohibición absoluta a los creyentes. El porteador Khan fue destinatario de esa dureza siendo encarcelado de forma inmediata; de nada le sirvió exhibir una especie de carta de porte que pretendía acreditar que la carga transportada en sus camiones tenía como destino una tropa española a la que el pillaje de la policía afgana ha sometido a una especie de ley seca (un postulado de la sharia, sin ir más lejos). El porteador tiene la obligación de registrar la mercadería que va a ser transportada, pudiendo rechazar aquella que no esté debidamente acondicionada para el transporte; mis alumnos de la Facultad saben que Khan lo tiene muy difícil cuando afirma que desconocía las mercaderías que transportaba. Y lo que es peor: Khan es también responsable de la pérdida de la mercancía.

A mi la historia del porteador afgano y de la tropa sedienta me retrotrae a los añorados tiempos del servicio militar en la Compañía de Destino caballa, lo más parecido al ejército de Pancho Villa, donde las bebidas también desaparecían con la misma facilidad que en Afganistán para reaparecer –brevemente, eso sí- en las taquillas de la soldadesca. Imagino a la policía y a los talibanes dando buena cuenta de la partida de Ponche Caballero robado, tan apropiado para el frío invierno afgano, mientras los nuestros, compungidos, miran con rabia las vacías estanterías de la cantina y piensan en dar escolta al próximo envío. Creo que estamos ante el más claro ejemplo de lo que es la Alianza de Civilizaciones.

Hiyab y chapelas

El término hiyab hace referencia al código de vestimenta islámica establecido para la mujer; el mismo vocablo se refiere a lo que conocemos como velo islámico, un tipo de pañuelo que cubre la cabeza y, a veces, también el cuello. Una sentencia dictada a principios de esta semana por el VGH de Mannheim –órgano judicial equiparable a una sala de lo contencioso-administrativo de nuestros Tribunales Superiores de Justicia- prohíbe a una profesora portar en clase el hiyab por infringir dicha vestimenta la norma que regula la prestación de servicios en escuelas, que a su vez prohíbe exteriorizar cualquier tipo de símbolos religiosos que sean susceptibles de hacer peligrar la neutralidad del Land frente a padres y alumnos, así como ser potencialmente idónea para poner en peligro la paz religiosa escolar. El abogado de la profesora alemana trató de fundar la defensa en los principios de igualdad y de no discriminación, sobre la base de comparar la actuación de su mandante con la de tres monjas que prestaban sus servicios en escuelas públicas ataviadas con los hábitos de sus respectivas órdenes religiosas (católicas). El Tribunal admitió expresamente que la vestimenta de las tres religiosas era perfectamente tolerable porque representaba la tradición cristiana que viene expresamente protegida por la constitución del Land de Baden-Würtemberg, por lo que el principio de igualdad jamás podría verse afectado.

Esta sentencia viene a potenciar una jurisprudencia federal alemana contraria a que los funcionarios porten símbolos religiosos por contravenir, precisamente, la libertad religiosa y el principio general de la paz política. Así lo estableció a finales del pasado año un tribunal de Hesse, que vino a ratificar una resolución anterior de una corte renana que prohibió el hiyab aunque éste fuere portado por una profesora al estilo Grace Kelly. El Tribunal afirmó que mientras la conocida actriz portaba el pañuelo de manera esporádica; la profesora convertida al islam, por el contrario, utilizaba el pañuelo de manera continuada y como símbolo externo de una creencia religiosa que, como tal, va en contra de la neutralidad que debe regir en las escuelas públicas. Ese mismo tribunal federal se pronunció en contra de que un funcionario público, en el ejercicio de su cargo, utilizara la chapela, por considerar que el uso de dicha prenda se encontraba también prohibida por la misma norma que veta el uso del hiyab.

La jurisprudencia alemana contraria al uso por funcionarios del velo islámico hubiera hecho las delicias de la Fallaci, sin duda. Debe entenderse esta doctrina, sin embargo, como un triunfo de la libertad religiosa, eso sí, con pleno respeto y cierta preeminencia de las creencias (cristianas) tradicionales y mayoritarias en el pueblo alemán

Andalucia, año cero



Dicen los políticos que las derrotas electorales pueden ser dulces, pero los fracasos son siempre agrios, aunque al victorioso se le quede cara de Milosevic y el derrotado comparezca rejuvencido ante las cámaras de la televisión del régimen, ésa que corta la emisión en la noche electoral cuando el escrutíneo no le resulta favorable al amo y despide una vergonzosa emisión a las 01.45 con la noticia de que el PP ha alcanzado los 47 diputados. ¡Qué necesaria es la regeneración de un medio público pesebrista, de ´profesionales` que se han convertido en miembros de un vergonzoso aparatchik que no duda en llamar como intérpretes de la voluntad política andaluza a quienes en su día acompañaron al líder de la oposición en sus aventuras políticas y que hoy pastan, pastueños, en rosados valles. ¡Qué vergüenza, y maldita la memoria de quienes nos acordamos de aquéllos que cuando los tiempos eran difíciles -lo siguen siendo- prefirieron abrazar la comodidad del colaboracionismo! ¡Qué necesaria la existencia de un partido, cualquiera que sea su orientación, capaz de nivelar el desequilibrio de un sistema que, en su decidida voluntad de mangonear, se aleja de los principios democráticos!

Andalucía afronta ahora, en su octava legislatura, un período de dificultades que seguro no se le escapa a los vencedores. La manguera de los fondos comunitarios riega, año a año, la Europa del Este; el ingreso en la UE de los nuevos miembros –más pobres- sube los índices comunitarios: no dejaremos de ser objetivo 1 en el 2013, esto es, región de las más pobres, por méritos propios sino por la sencilla razón de que quienes entran en el ´club` son todavía más pobres que nosotros. Se han desperdiciado décadas de multimillonaria subvención europea en inversiones de imposible rentabilidad. Andalucía no ha despegado; ésa es la realidad, la que refleja Eurostat en sus informes mensuales, y no la que los vencedores nos pretenden vender ahora diciéndonos que nos van a llevar al pelotón de cabeza. Un resfriado en Madrid será para Andalucía una grave enfermedad si, además, persiste la voluntad de algunos (socialistas) de quebrar el principio constitucional de solidaridad económica. No habrá quien pueda equilibrar el presupuesto de Andalucía cuando desaparezcan esos fondos.

La oposición debe hacer valer ya, sin demora, los necesarios principios de regeneración democrática en Andalucía. No se puede participar, si no se produce el necesario cambio, en secuestrados medios públicos de comunicación, ni en cajas de ahorro que piden a gritos una inmedita profesionalización, con urgente salida de aquellos políticos que pretenden desviar su responsabilidad a los profesionales que siguieron sus órdenes. Al PP se le exige, lisa y llanamente, que no forme parte del régimen.

El debate



Las democracias experimentadas se distinguen de otras por huir de los mítines masificados y centrar la campaña en debates entre sus candidatos. El mítin multitudinario como lo conocemos aquí es poco habitual en las democracias europeas, que no mantienen el forofismo por los asuntos políticos que tanto se estila en esta tierra. El debate es, pues, la fórmula preferida por los países de mayor tradición democrática. La contienda televisada entre adversarios llega a un público inmensamente superior en número al que los propios candidatos tienen la posibilidad de convocar por muy seguidos y multitudinarios que sean sus mítines, y así se puso ya de manifiesto con el primero de los grandes debates que permitió a los americanos comparar a los candidatos que concurrieron a las presidenciales de 1960.

Me refiero al debate entre Kennedy y Nixon. Realmente no se trató durante esa campaña presidencial de un solo debate; fueron cuatro, centrados en política nacional y política internacional (el último de ellos dedicado en exclusiva a las relaciones con Cuba) y las condiciones para su celebración cabían en dos folios. Pero la verdadera importancia de estos primeros debates televisados consistió no tanto en las ideas sino en la preparación de la imagen del candidato. Se dice que Nixon perdió la presidencia por haber aparecido en los debates con diez kilos menos, pálido, con ojeras, sin maquillar y sudoroso. Nixon no quiso ser maquillado y la luz proyectada sobre su pálida faz le dio un aspecto enfermizo mientras Kennedy, que preparó el debate en la soleada California, aparecía en mejor forma que nunca. Tan malo era el aspecto de Nixon que el asesor Clark recomendaba a Kennedy acercarse todo lo posible al vicepresidente para resaltar las diferencias.

De los debates entre Carter y Ford sólo son reseñables las meteduras de pata constantes del segundo, que también tenía una proverbial facilidad para tropezar en las escalinatas de los aviones. Hay un documento del jefe de campaña de Ford dirigido a Cheney y Rumsfeld en el que sugiere le hagan llegar al presidente que durante la campaña no bese a bebés, no coma perritos calientes en las esquinas ni espere a los trabajadores a la puerta de la fábrica para pedirles el voto. Mondale perdió cualquier posibilidad de acceder a la presidencia cuando reprochó a Ronald Reagan su avanzada edad (73 años, la misma que hoy tiene McCain). Reagan apuntilló a su oponente con una fulminante respuesta: <>, y ganó la campaña con un discurso final en el que preguntaba a la audiencia si estaba mejor ahora que hacía cuatro años. Ésa es siempre la cuestión. Los cursis discursos acerca de la vida de una niña no llevan a la Casa Blanca (ni a la Moncloa).

domingo, octubre 12, 2008

La pirámide




Decía don Juan de la Rosa que el negocio bancario consistía en "trincar la tela de golpe y soltarla poco a poco". Como definición de las operaciones activas y pasivas de crédito, la del director y durante muchos años presidente de la Caja de Ahorros de Ronda merecería cita en los más prestigiosos manuales de Derecho mercantil. El negocio bancario nació, como se sabe, cuando el más avezado advirtió que los depositantes no irían todos el mismo día a retirar los fondos.

El problema no surge, preciamente, cuando todos los crédulos ahorradores reclaman la entrega de lo depositado en la misma fecha sino cuando al requerir del depositario la devolución no hay bienes suficientes, fatal circunstancia que suele darse en aquellos negocios cuyo nivel de riesgo para el confiado inversor es directamente proporcional a los elevados intereses o pingües beneficios que le prometen. Recuerdo el caso de doña Branca, la "banquera del pueblo", una analfabeta que garantizaba a los depositantes un 10% mensual y que causó una enorme turbulencia financiera en Portugal cuando anunció la quiebra de su muy particular sistema. La estafa, el engaño, reside en la propia estructura piramidal del ´negocio`, que requiere la continua entrada de nuevos ahorradores, no exentos de codicia, y de fondos para poder pagar los elevadísimos intereses que alegremente se prometen a los primeros. Hay quienes a este engaño lo denominan "esquema de Pozzi", pero la inventora de esta modalidad de estafa atendía al muy patrio nombre de Baldomera de Larra, hija de don Mariano, que con su "Caja de Imposiciones" continuó con el ´vuelva usted mañana` paterno, pero esta vez en versión dirigida a los incautos y crédulos depositantes que le confiaron sus fondos.

La primera reacción de cualquier observador ante este tipo de engaños suele ser la sorpresa. ¿Cómo es posible que pueda haber personas que sigan confiando en aquellos que prometen duros a peseta? Pero no por haber visto miles de veces la película Los Tramposos (1959), con los geniales Antonio Ozores y Tony Leblanc pegándosela a un propio en los aledaños de la Estación de Atocha, dejan de repetirse los timos de la estampita, del tocomocho o del trile, prácticas de zorrastrones que no son más que el tronco común de engaños que también se desarrollan, pero a mayor escala, en chiringuitos financieros de lujoso atrezo que cambian la mesa playera del trilero por un biedermayer en leasing.

Ahora, en tiempos de crisis, se reproducen como hongos los desfalcos de estos falsos Midas capaces de engatusar con su ostentación a cientos de confiados ahorradores incapaces de resistir los cantos de sirena que atraen la codicia humana. Estamos ante una extensión de la solería de este inmenso Patio de Monipodio.

New Flame



Tuve un profesor de inglés que solía utilizar la expresión "new flame, but old fire>"(llama nueva, pero fuego viejo) para aquellas ocasiones en las que los alumnos cometían los mismos errores. Creo que la misma frase podría utilizarse ahora en el triste asunto relativo al buque del mismo nombre que se ha ido a pique en la Bahía de Algeciras ante la pasividad de varias Administraciones, coincidentes todas en un sospechoso tancredismo que, ahora, tras el hundimiento y penúltimo vertido, se ha trocado en alocada carrera hacia los Tribunales de Justicia.

En el Derecho comunitario se acuñó, allá por los años ochenta, una expresión con la que se pretendió orientar a la incipiente política medioambiental comunitaria: "quien contamina, paga". Quién le iba a decir entonces al alumno entusiasta y convencido europeista que ese aforismo acuñado como principio general iba a convertir a Andalucía en la excepción a la regla. Porque aquí, a la vista está, y duele afirmarlo, que quien contamina, no paga. Nos hemos convertido en un vertedero ilegal que deja impunes a los responsables del daño.

La norma comunitaria, incipiente a principios de los ochenta, ha experimentado un notable desarrollo legislativo. La Directiva 2004/35/CE sobre responsabilidad medioambiental en relación con la prevención y reparación de daños mediooambientales –origen de la la Ley 26/2007, de Responsabilidad Medioambiental- es una muestra de la preocupación del legislador comunitario por tratar de poner en práctica un principio general que condene al operador causante de la actividad lesiva para el medio ambiente al pago de los daños y perjuicios que haya ocasionado. Confluye esta norma con otras de carácter internacional como el Convenio de 1969 sobre Responsabilidad Civil por Daños debidos a Contaminación por Hidrocarburos, inaplicable al supuesto del New Flame por centrarse en buques tanque, es decir, aquellos dedicados al transporte de hidrocarburos.

Pero la maraña legislativa no debe apartarnos del principal problema. ¿En qué aguas se ha producido el siniestro causante del daño medioambiental? Si España no ha dejado de reclamar su jurisdicción sobre las aguas que han visto el hundimiento del New Flame –y creo que los vergonzantes Acuerdos de Córdoba no han modificado esa posición- difícilmente podrá ahora imputar a terceros (autoridades públicas extranjeras, me refiero) responsabilidad de ningún tipo, pues era a las autoridades españolas a quien correspondía intervenir para minimizar el daño. La delegación de facultades en autoridades de un Estado distinto implicaría una responsabilidad in vigilando e in eligendo del Estado delegante que le inhabilita para reclamar reparaciones y , frente a terceros, le convierte en responsable solidario del daño causado.

Don Camilo y Peppone




Hay quienes a falta de razones convierten la política en un continuo pimpampum sin más sentido que el de crear ficticios enfrentamientos para tapar todo lo que no se ha hecho o, sencillamente, se ha hecho mal. En este juego de derribos le ha tocado el turno, otra vez, a la Conferencia Episcopal, víctima propiciatoria en época preelectoral y carnavalesca. Las orientaciones dirigidas por los Obispos a los católicos ante las elecciones generales del 9 de marzo han provocado la ira del Gobierno, y la lluvia de insultos, descalificaciones y provocaciones a la jerarquía eclesiástica española no ha cesado, sin duda porque los promotores de la gresca ven en ella un indudable filón electoral a costa, claro está, de devaluar una libertad de expresión que en España está sufriendo ahora más que nunca.

La última aportación intelectual al discurso papal de Ratisbona la ha protagonizado la secretaria federal de Igualdad del PSOE con una de estas perlas que Caraballo y Caro recogen en su ´lapidario bobo`. Para la secretaria federal, la Conferencia Episcopal debería aplicar los principios de paridad de la Ley de Igualdad –a la que ella tanto debe- y, cito literalmente, "sacar a las monjas de los conventos de clausura para incluirlas en la jerarquía" (la eclesiástica, imagino), todo ello con el ánimo de que las monjas puedan "compartir el poder en igualdad de condiciones que los hombres". L´onorevole Peppone no lo hubiera hecho mejor.

Otros, desde las mismas filas, han preferido manifestar su ´sorpresa` por el contenido de la nota de la Conferencia Episcopal. Después de leerla con atención no sé de qué se sorprenden. La nota no añade nada nuevo a lo que la Conferencia Episcopal viene manteniendo desde las Orientaciones morales de noviembre de 2006. ´Sorpresa` hubiera sido que la jerarquía eclesiástica española se pronunciara ahora a favor de la eutanasia, del matrimonio homosexual o de la educación para la ciudadanía en la muy deteriorada escuela pública; es evidente que hay una brecha importante en la concepción que cada uno tiene de lo que debe ser una correcta política social. Mientras tanto, detrás de la cortina de humo, el paro se le dispara al Gobierno y la política social de verdad hace aguas.

Hay un párrafo en la nota que encierra el verdadero problema. Dice ésta que <>. La reacción a la nota episcopal pone de manifiesto la patología grave que afecta a un Ejecutivo que se dice democrático pero que no tolera actitudes que contradigan sus postulados.

Nacionalismo




En su exilio, el lehendakari Aguirre recaló allá por 1941 en Berlín para intentar convencer a la jerarquía nazi de la bondad de un estado vasco, olvidando la afrenta de Guernica y otros raid de la Legión Condor. Aguirre rindió pleitesía al almirante Canaris –que no lo recibió-, al ministro Ribbentrop –que tampoco-, hasta a su ´amigo` León Degrelle, para que intentaran convencer a Hitler de que si veía con buenos ojos la creación de un estado flamenco por qué no iban a tener ese mismo derecho quienes se consideraban a sí mismos la raza más antigua de Europa y, por supuesto, la segunda -tras la aria- en el delirante ranking de superioridad racial. No sorprende en la lectura de los diarios de Aguirre la descarada admiración por los postulados nacional-socialistas, la rendida actitud respecto de quienes pocos meses antes habían masacrado a su pueblo. El lehendakari se arrastraba de manera lastimosa por Unter den Linden delante de los jerarcas nazis sin que nadie se dignara a recibirlo en la cancillería de la Wilhelmstrasse. Ahora, algunos biógrafos de Aguirre afirman que esos delirios filonazis no eran más que una coartada por si el lehendakari caía en las manos de las SS. Nacionalismo en estado puro; siempre envuelto en la mentira; en el doble juego; en el ventajismo.

De las cenizas del III Reich renacieron dirigentes políticos o curitas mediopensionistas –la pila de agua bendita- que se dedicaron a medir cavidades craneales, traseros respingones o a distinguir entre grupos sanguíneos, siempre con el ánimo de inventar diferencias artificiales que justificaran lo que no tiene fundamento. Todavía hoy comparte ese nacionalismo con regímenes totalitarios la idea de controlar a los tribunales de justicia: los jueces nazis llevaban el águila en la pechera de sus togas o el brazalete con la cruz gamada; aquí algunos aspiran a que los magistrados lleven la ikurriña pegada a la toga. La manifestación organizada en Bilbao por los nacionalistas con motivo de la condena del Tribunal Supremo al engolado Atutxa, al germánico Knörr y a Kontxi Bilbao –mal debían andar los hermanos Arana en su traducción del santoral al eusquera cuando le llegó el turno a la Inmaculada Concepción- por desobedecer la orden previamente dada por el mismo tribunal para disolver al grupo Sozialista Abertzaleak, es otra prueba más del continuo desafío del nacionalismo al Estado y al Estado de Derecho, usando otra vez como arma el falso victimismo sin el que no concibe su actuación política.

Si previsible era la actuación del nacionalismo ante la condena de sus tres nuevas ´víctimas`, reprobable es la actuación de la fiscalía del Tribunal Supremo solicitando que no fueran condenados quienes con contumacia desobedecieron resoluciones firmes. Hay otros que se prestan al doble juego.

domingo, febrero 17, 2008

El tiburón




En el mundo ideal de don José Blanco los tiburones habitan en madrigueras (sic), los doberman en la calle Génova y los lobos de la extrema derecha en la mitad de los hogares de España. Mal, muy mal ha sentado en las filas de la izquierda el fichaje de Manuel Pizarro, el Empecinado, artífice del fracaso de la vertiente económica del vergonzoso Pacto del Tinell para mayor gloria de los accionistas de Endesa que no se dejaron atraer por chirriantes cantos de sirena que pretendían la compra de duros a peseta. No perdonará fácilmente la izquierda a don Manuel la afrenta consistente en resistir, Constitución en mano, los embates de quienes quisieron completar el "cordón sanitario" con un saqueo contrario a la normativa comunitaria y proscrito por las autoridades de la competencia: "volvemos a Europa", fue el lema utilizado en la campaña de las elecciones europeas por aquellos que han demostrado formidable habilidad en colocar su programa electoral o infumables pactos ad hoc en la cúspide del principio de jerarquía normativa, o en neutralizar la labor controladora de ´incómodos`organismos reguladores, que han pasado a ser convenientemente regulados.

No termina de asumir algún sector de la izquierda que Pizarro creara riqueza con su numantina defensa del interés de los accionistas, de miles de accionistas. Para esa misma izquierda, es sospechosa cualquier fórmula de enriquecimiento colectivo, pues es proclive a entender que ese enriquecimiento sólo es legítimo si es individual, en esa concepción cuasi onanista que le ha procurado el método de crear riqueza que más ha utilizado por su rapidez y arbitrariedad: la recalificación urbanística. Han terminado recalificando las sedes del partido, con el mismo desparpajo con el que utilizan las ruedas de prensa posteriores a los Consejos de Ministros o a las cumbres internacionales para hacer soflamas políticas partidistas en esa continua confusión entre Estado, Gobierno y partido que tanto cultiva la izquierda.

Le auguro a Pizarro una larga vida política si el elegido por el adversario para darle la réplica es don José Blanco, a quien se le está poniendo cara de tuno viejo, de esos que decían que estaban en quinto, pero de primero de carrera. Desde su blog, Blanco acusa a Pizarro de ser un tiburón del capitalismo salido de una madriguera; a Bush, de ser culpable de la crisis que afecta a todo el mundo, menos a España por la providencial mano de Zapatero; al PP, de oler a rancio, a ultraderecha, a Varon Dandy (sic) y a la jerarquía eclesiástica de mentir y hacer política en beneficio del sector más ultra del Partido Popular. El cuaderno de don José no tiene desperdicio y es de obligada referencia si se pretenden analizar los motivos que soportan una vida política zafia y crispada como nunca.

Alianza de raros

En una reciente visita a la sede de Naciones Unidas en Nueya York, el líder iraní Ahmadineyad aceptó la invitación de la Universidad de Columbia para pronunciar una conferencia. Después de ser presentado al auditorio por el rector de la Universidad –que no dudó en calificarlo de abyecto, tirano y déspota, ante la estupefacción del invitado- fue Ahmadineyad quien dejó boquiabierto a los asistentes cuando, preguntado por la persecución en su país a los homosexuales, afirmó que en Irán no los había, cuestión que en el fondo no deja de ser una suerte porque lo que allí se considera ´desviación` es castigado en el Código Penal con la pena de muerte (muerte por ahorcamiento, por ser más preciso, y colgados de una grúa).

No es Ahmadineyad quien anda ahora por Madrid en el I Foro de la Alianza de Civilizaciones, pero sí Jathamí, verdadero precursor de ese engendro que algunos intentan ahora dificilmente pasar de verbo a carne. Desgraciadamente, la intervención del Presidente Zapatero en la jornada de apertura del Foro no arrojó mucha luz en relación con los contornos de este etéreo invento de la Alianza de Civilizaciones, invento que empieza ya mal por el nombre. Tampoco creo que fuera Zapatero la persona más indicada para materializar una figura de la que se siente precursor por derivar de lo que algunos han denominado ´el pensamiento Alicia`, el ´buenismo` o, simplemente, el peligroso ejercicio mental de huida de la realidad con el objetivo de adentrarse en un mundo idílico, de fantasía, para el que –y eso es lo malo- se pone a disposición toda una ociosa política exterior (no en vano se dice ahora que los principios que inspiran esa hueca Alianza deben convertirse en sustento de una política de Estado). No es casualidad que los países serios, con política exterior definida -Francia, Alemania, Reino Unido; muy llamativa la ausencia de muchos Estados de la UE- se hayan abstenido de participar en una jornada que consideran festiva, donde el protagonismo parece reservado a los personajes de la farándula mundial.

Afirmó Zapatero en su discurso de apertura que la Alianza aspira a tender puentes para <>. Más que detenerse en la mera gestión lo que debería hacerse es acabar con las diferencias, sobre todo si éstas consisten en actitudes tendentes a criminalizar determinadas conductas o prácticas sexuales, discriminar sistemáticamente a la mujer en absolutamente todos los ámbitos que puedan imaginarse o prohibir la libertad religiosa, todo ello, envuelto en el mayor desprecio a las libertades y derechos del hombre. Pero no; el problema parece que no está allí donde se lapida o se realizan prácticas ablativas sino que está aquí, donde reina un régimen de tolerancia suficiente como para organizar un Foro tan raro como éste.

El aquelarre



Como quien nace lechón muere cochino, la legislatura va a acabar de la misma forma como comenzó. Sirva como botón de muestra la celebración de dos actos, dos concentraciones públicas de muy distinto signo, como distinta ha sido también la reacción del gobierno y partido que lo sustenta a la hora de valorar una y otra. De un lado, tras la firma de una denominada Declaración de San Mamés por representantes de los gobiernos vasco, catalán y gallego en el que se reclama la participación de las respectivas selecciones en competiciones internacionales, se celebró en el mismo estadio un partido entre las selecciones de Cataluña y Euskal Herria (sic), durante el cual se quemaron banderas de España, se apoyó abiertamente a organizaciones terroristas, se amenazó a jugadores por jugar en la selección nacional de España y se realizaron continuas proclamas independentistas, directamente apoyadas por los firmantes de la Declaración, socios que son del gobierno.
Con diferencia de horas, en el centro de Madrid se celebró una concentración multitudinaria convocada por los obispos españoles bajo el lema “Por la familia cristiana” y durante la cual, cientos de miles de personas, en el ejercicio de derechos constitucionales, se limitaron a manifestar su discrepancia respecto de la ley del aborto, del divorcio exprés, del matrimonio homosexual y de la educación que se recibe en las escuelas públicas y centros concertados.
Para el gobierno y partido que lo sustenta el problema no está en la convocatoria y manifestación de Bilbao, manifiestamente inconstitucional en su objetivo sino en la convocatoria de las familias cristianas. El gobierno ha cubierto con un manto de silencio el aquelarre bilbaíno, la manifestación de independentismo más virulenta y de mayor apoyo institucional que se recuerda; ni una sola palabra de condena de actitudes y actuaciones que están claramente fuera del marco constitucional. Sin embargo, a los obispos y las familias reunidas en Madrid se les ha dedicado una fuente de descalificaciones, con exigencia de rectificación al cardenal Rouco por decir algo que es de Perogrullo: que la Declaración Universal de Derechos Humanos, al reconocer el derecho al matrimonio, no contemplaba el matrimonio homosexual, por lo que equiparar éste a la institución que más respeta la paridad, supone una degradación de la familia.
Se podrán compartir o no los valores proclamados en Madrid por la jerarquía eclesiástica. Pero tachar a los convocantes de reverdecer el nacionalcatolicismo o a las familias allí congregadas de compartir valores de la extrema derecha sólo representa una prueba más de esa mentira del ´talante` con el que empezó una legislatura que acaba envuelta en un anticlericalismo fomentado por hijos de falangistas. ¡Ah!, y la oposición, de vacaciones.

Esperando a Audley



Enrique VIII, harto del poder del papado y de lo que consideraba intolerables injerencias en la política inglesa, rompió con el principio de obediencia a Roma, impuso a la Iglesia el poder real y creó su propia comunión, ecclesia anglicana, católica, aunque no romana, y evangélica, aunque no protestante. A su frente puso como vicario general a Thomas Cromwell, duque de Essex, creador de la moderna burocracia administrativa, y a la muerte de éste –decapitado por orden real, claro- al abyecto y oportunista Thomas Audley, lord canciller del rey y cabeza visible de la iglesia anglicana. Audley, personaje sin principios, mandó decapitar a Tomás Moro y al obispo Fisher por no abjurar del principio de la supremacía papal en Inglaterra.
Hay gobernantes que tienen la inmensa suerte de poder cambiar aquello que no les place, por supuesto siempre a costa del sufrido ciudadano. Si el ejército no resulta de su agrado, se crea una unidad especial inspirada en los etéreos principios de la paz universal, bajo mando directo del jefe de gobierno, y formada por elementos –soldados del amor, a los que cantaba Marta Sánchez- a quienes lo mismo se les viste de guardias forestales que de bomberos o enfermeros, como los chavales de mi generación hacíamos con los madelman. En el ámbito judicial se anuncia desde hace tiempo la creación de ´jueces de proximidad`, alumnos con la carrera recién terminada –no contaminados con las nefastas oposiciones- quienes, tras pasar el correspondiente curso de especialización (o adoctrinamiento), tomarán posesión de sus cargos. Si se trata de las víctimas del terrorismo se constituyen las asociaciones que hagan falta, siempre y cuando se presten a restar poder a la mayoritaria, incómoda por la posición que mantiene. Y como éstos hay otros ejemplos de cómo fomentar el antagonismo, gobernar para una parte o, lo que es peor, gobernar contra quienes se consideran díscolos o sencillamente disidentes, creando un problema allí donde no lo había.
Pero la baraka presidencial en las posibilidades de cambio quiebra con estrépito cuando se topa con la Iglesia. "Con la Iglesia hemos dado, Sancho" debería recordar hoy alguno de los que creen poder imponer en la creación de cardenales una especie de primarias donde mangonear, o establecer un grupo opositor a la cúpula eclesiástica. Caen en un grave error quienes se empecinan en esa táctica consistente en fomentar una oposición interna donde no puede haberla, entre otros motivos, porque, aunque no lo crean, hay quienes tienen más arraigadas sus creencias y el principio de obediencia que los propios socialistas. Ratzinger y Rouco compartieron universidad (la Ludwig Maximilian, de Munich), maestros (Schmaus y Söhlingen) y hasta parroquia en la localidad de Moosach. Hablan el mismo idioma.